Gatita's profileLOS RELATOS DE GATITAPhotosBlogListsMore ![]() | Help |
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June 18 Oda al sexo (hablando en plata)ODA AL SEXO (Hablando en plata) No es sermón, amigo mío simplemente aconsejar que si estás algo aburrido nada mejor que follar. Follar = tener relaciones (disculpenme los más finos) aún así, con dos cojones, mete en la raja el pepino. Avéntate a la parienta disponte a barrer el frente mete la polla en el coño, ayúntate carnalmente. Échale zumo a la almeja, hunde la chorra en el chocho o el carajo en la molleja. Ponte a mojar el bizcocho. Coge, mete, jode, chinga, junta panocha con nabo, cepíllate la cuchara clava en el conejo el rabo. Parcha el pelao en el bollo hasta vaciar el saco, la picha en la catalina soltándote un buen polaco. Toma zumo de papaya mientras se chupa el badajo baja con gusto al pilón una arriba, el otro, abajo. Mientras te chupan poronga cómete bien la empanada lame la breva sabrosa mientras te hacen la mamada. Da por culo, adoba el pavo, practicando el sexo anal, si los dos gozáis con gusto de esta otra opción sexual. Ponle el palo al asterisco, sigue con el saca-mete, dale verga al anillito, el cipote en el ojete. Más si se te diera el caso y en pareja, estás de baja, menéate la garompa: (puedes hacerte una paja). Prueba el cinco contra uno, sácale brillo al pelón, toca el pito, la zambomba, (En pijo, masturbación). Cáscatela como un mono, y haz volar la cometa, hazte una buena manuela, un buen toque de corneta. Hazte un dedo, si eres moza, acaricia tu pepita, mete un dedito en el chichi, juega con tu margarita. Porque digan lo que digan, es el sexo lo más sano, mejor si es compartido, pero si no, con la mano. Y para no prolongarme me voy corriendo al final. Sólo me basta decir ¡Que viva el placer sexual! June 13 Sorpresa, sorpresaSORPRESA, SORPRESA
Acompáñame, te sorprenderas:
una noche con tantas sorpresas
que no olvidaras jamás.
Acompáñame una noche más
y verás que increibles sorpresas
conmigo te llevarás...
Acompáñame, déjate llevar
una noche con tantas sorpresas
sorpresas hasta el final.
Te sorprenderás,
acompáñame,
una noche más...
(Letra de la canción cabecera del programa Sorpresa, Sorpresa)
¿Lo recuerdas? Fue hace unos diez años. Ahora puedes decir que no, pero cuando se difundió la noticia, seguro que también pensaste que era cierta. De hecho hay pruebas de ello: el programa emitido el 12 de Febrero de 1999 tuvo un pico de máxima audiencia. Y el público ahí, en sus casas, de cara a la caja boba, sediento de morbo, ávido por saber qué había ocurrido en el programa de la semana anterior. La presentadora, Concha Velasco, estaba ciertamente nerviosa; aún así, el programa transcurrió sin sobresaltos. Aburrido. Nada. Nadie dijo nada. No se comentó nada de nada. Pues claro... ¿Qué esperabas? La historia se convirtió, pues, en una leyenda urbana, un rumor más, un bulo falso inventado probablemente por unos universitarios borrachos que lo desvelaron en un programa local de radio y que fue creído por unos cuantos (miles) de gilipollas cuando se fue transmitiendo de boca en boca. Incluso hubo algunos aún más gilipollas que afirmaron que lo habían visto; aunque luego se supo que sólo fue un rumor, un falso rumor. ¿O no? No. Por supuesto que no. Ese rumor no fue tan falso. Esa historia fue verídica al 100%. Lo sé. ¿Que cómo lo sé? Pues porque yo estuve allí. Remontémonos al día del suceso.
Málaga, 5 de febrero de 1999 Natalia vuelve a casa del instituto, paseando tranquila, con los auriculares puestos, tarareando bajito: Te besa y te desnuda con su baile demenciaaaal ...
Tú cierras los ojitos y te dejas arrastraaaaaar...
Tú te dejas arrastraaaaaar...
Ella que será...
She’s livin’ la vida looocaaaaa...
La canción de moda de su amado Ricky Martin. Mira la pegatina de la carpeta que lleva entre los brazos. Aaaaay... ¡¡Qué guapo es!! Tan varonil, tan simpático, tan... buenorro. Esa mirada de seducción chocolate bombón, esa sonrisa pícara, esa voz sensual en sus oídos hace que a Natalia le entren esos espasmos como corrientes; las famosas mariposas revolotean en su bajo vientre y sus braguitas se empapan al imaginar que se encuentra entre esos brazos fuertes, esos labios dulces que la besan mientras.... mientras... mmmm. Aprieta el paso para volver pronto a casa. Hoy es un día especial. Es su cumpleaños. Papá y mamá no están. Esta noche van como público, junto con parte de la población malagueña, a ese programa coñazo de Antena 3 que presentaba antes Isabel Gemio y que no estaba mal, pero que ahora ya no lo ve ni dios. Mejor. Prefiere celebrarlo sin ellos, así puede ponerse el video del concierto de su Ricky en directo las veces que quiera. Nunca se cansa de verle. No es la primera vez que se queda sola en casa, ya es mayorcita, no es una niña, y su tía vive al lado, por si ocurriera cualquien percance. Y no, tampoco es que esté completamente a solas. Está Cuqui. Su precioso Cuqui. Lo importante es que puede hacer todo lo que le apetezca: poner la música a tope, cantar a viva voz, bailar en bolas... e hincharse a comer pastelitos con mermelada sin que su madre le recrimine que se va a poner como una cerda de gorda si sigue comiendo así. Esta noche es toda, toda suya para hacer todo, todo lo que se le antoje. Ni siquiera ha metido la llave en la cerradura cuando ya se oyen esos rasguños en la puerta. -Sssssshhh... Cuquiiiii... -Natalia acaricia el lomo de su perrito-. ¿Qué te pasa? Hay que ver qué inquieto estás. ¿Es porque te han dejado solito? Venga, no lloriquees, tontín. ¿Tienes hambre? Ahora, en seguida te pongo tu merienda. Te vas a pegar un buen atracón. Y tan bueno... Ya lo creo. Cuqui no podía imaginarse el festín que esa tarde su amita Natalia le iba a propinar. El perrito la mira ladeando la cabeza y corretea ladrando nervioso a su alrededor mientras la chica deja el abrigo, la bolsa con los libros y la carpeta sobre la cama. Su habitación parece un santuario dedicado al ídolo de oro de un pasito p'alante María, un pasito p'atrás... Posters, álbumes, cds, fotos dedicadas, recortes de revistas... Todo un monumento al cantante de culto oculto. ¿Oculto? Sí, síiii... ¡Síiiiiií! Ahí estaba él... Oculto en el armario. ¡Ricky Martin! El de La Copa de la vida, sí, ese mismo, el genuino, allí, escondidito en el ropero de Natalia. El cantante portorriqueño se revuelve incómodo. Aun estando en febrero, en esa casa y en ese armario hace un calor de mil demonios. La pavita ha puesto la calefacción a tope y el muchacho está empezando a sudar a mares. Afortunadamente su asesor de imagen le aconsejó llevar una camisa negra, que no deja ver los cercos en las axilas. El redactor, a través del auricular de su oreja, le susurra que tenga un poco más de paciencia. Hay un fallo en las transmisiones y las cámaras no funcionan. Unos minutos más y ya se le avisará. Lo que hay que hacer para promocionar un disco... Natalia conecta el equipo de música y tararea mientras entra en el baño. Cómo iba a suponer la dulce Natalia que su casa estaba llena de microcámaras de grabación disimuladas entre los muebles, lámpara y cortinas, enfocando todos los puntos del dormitorio... y que su adorado estaba tan, tan cerca. Sí. En el armario. (Bueno, ahora no hace falta ser muy lumbrera para adivinar que tarde o temprano Ricky Martin saldría del armario; y es que, por mucho que digan, Chayanne no es gay, que siempre ha tenido pinta de macho machote, pero... ¿el Ricky Martin?... ains... pues... no, que eso ya se veía venir, pero esa es otra cuestión. Centrémonos en los hechos de ese día). La chica entra en el cuarto de baño. Cuqui la sigue y la contempla con adoración mientras ella se desnuda. El sueter de cuello vuelto, el pantalón vaquero, la camiseta, el sujetador blanco y las braguitas, todo cae al cesto de la ropa sucia. Ante el espejo Natalia sube su cabello castallo y lo engancha con una pinza. Retira con una toallita los restos de maquillaje que no logran cubrir la cantidad de granitos de su frente, y entra en la ducha. El agua caliente es reconfortante tras un duro día de clase en el que no dio una en física y química, y en el que nadie recordó su cumpleaños. Nadie. Tampoco tiene tanta importancia. Siempre fue bastante solitaria y tímida; el tipo de chica que le gusta a Ricky. -Eh, Cuqui, deja eso, no seas malote... Mira que te gusta juguetear con mis braguitas, so malo, que luego me las rompes con esos dientes, bicho, que eres un bicho...- y retira las braguitas del hocico del perrito, que las olisquea y chupetea babeante. Natalia tiene hambre. Así, como su madre la trajo al mundo, se dirige a la cocina y abre la nevera dispuesta a pecar y darse un buen atracón. ¡Pasteles de crema con mermelada de fresa! ¡Sus favoritos! En un plato coloca una media docena de pastelitos y se dirige a su dormitorio. Cuqui la atosiga famélico y su amita le sonríe. -Venga, que nos vamos a poner mora'os. La joven se tiende sobre la cama, desnuda. Su cuerpo irradia el brillo manifiesto de las curvas de la incipiente juventud, y el rostro conserva aún las redondeces ligadas a la niñez. La nata dulce se funde en su boca, la fresa ligéramente más ácida produce una explosión de deleite al degustar el manjar. No sólo es el gusto, ahora está sintiendo el placer en grado sumo en todos los sentidos. Los oídos complacidos con esa voz sensual de acento y ritmo caribeño, sus ojos contemplando la imagen del bello Ricky en el poster gigante pegado en el techo, el aroma que desprende su cuerpo de mujer tras la ducha y... y el tacto... el tacto húmedo y cálido de la lengua de Cuqui chupeteando sus dedos impregnados en nata y fresa. -¿Tienes mucha hambre, verdad? -Natalia se ríe y una porción de pastelito cae sobre su pecho. Cuqui salta a la cama y sin esperar permiso se lanza al ataque, a por el pedacito de manjar suculento. Su lengua revoltosa se divierte rechupeteando el pezón impregnado de nata, y la chica...
...pues la chica siente de nuevo ese revoloteo en sus entrañas, el pezón se endurece por las atenciones de Cuqui... su mirada sigue fija en él, en Ricky, y susurra su nombre mientras deja caer con escasa casualidad y mucha más premeditación otra porción de nata y mermelada en el otro pecho. Ay... Natalia... oyes la voz de tu amado cantando, y cierras los ojitos y te dejas arrastrar... Y eso haces, cierras los ojos y te dejas arrastrar. La excitación ya es extrema, Natalia. Tu cuerpo clama febril y desesperado, y es que te mueres de deseo por él, que nunca te han tocado otras manos que no sean las tuyas propias, y en este momento es él, es Ricky quien te lame todo el cuerpo untado en crema. Es él, con esa sonrisa tierna y pícara, quien se mete entre tus piernas a saborear goloso el dulce manjar que le ofrece tu sexo. Es Ricky quien te lame, quien te hace estremecer de gozo, es él el que te lleva al límite. Sigue, cariño, sigue Ricky, fóllame, siénteme, hazme tuya... Te quiero Ricky, te quiero... Seis minutos, catorce segundos. Tiempo de grabación del hecho consumado y tiempo en el que el redactor Arturo recibía la señal y relataba con asombro (y excitación, no lo vamos a negar) lo que estaba ocurriendo en esa habitación, y que se iba transmitiendo por las ondas hasta llegar a casi todos los oídos involucrados en esa Sorpresa, Sorpresa. -Que sí, que sí, que el chucho le está comiendo todo el potorrito a la chavala, unta'o en mermelada, tío. Sí, ella está en pelotas sobre la cama, agitándose como una perrita en celo, no veas lo que estoy viendo, qué pasada... Joder, tío, la hostia... que la chavala se ha puesto a cuatro patas, y se mete un dedo en el ojete mientras el chucho ahí, chupa que te chupa el chochamen... Arturo ******, así se llamaba el redactor, ese que tuvo esa especie de revelación malvada y propició todo lo que acontecería después para aprovecharse de esta situación. No, Arturo. La envidia no es excusa. No es excusa que Ricky Martin ganara mucho más dinero que tú, ni que fuera más guapo, tuviera más éxito con las niñas, y eso que tú eras de los que decías por ahí que el Ricky Martin no era un hombre, sino que era un mariconazo como la copa de un pino. Ricky Martin obedeció tus indicaciones por el micro y salió de su escondite en ese preciso momento. No os podéis imaginar qué plan... Natalia en bolas sobre la cama soñando con su amado, Cuqui lamiendo feliz entre sus piernas... Y Ricky abriendo el armario y cantando cumpleaños feliz, cumpleaños feliz... ¡¡Sorpresaaaa!! Ya lo creo que fue una sorpresa. Los ojos de Natalia, en pleno éxtasis, se abrieron de repente como los de Candy Candy. Ricky se quedó mudo, congelado, solidificado y con la boca abierta mientras gotitas de sudor seguían resbalando indolentes por su nuca, impasibles al drama. Natalia, que grita como una loca; Cuqui, que sale disparado corriendo como ido, por toda la habitación, ladrando; Natalia, que se desmaya; Ricky ,que sigue petrificado... Hasta que reacciona. Las cosas como son. Hay que reconocer que el muchacho supo reaccionar, que desde que Ricky Martin salió de ese armario, se comportó como un hombre de los pies a la cabeza y no como tú, Arturo, que eres una mierda de tío. Una grabación de una jovencita con un perrito es jugosa, pero para que además fuera lucrativa, necesitabas al cantante de moda en una aparición estelar, ¿verdad Arturo? Ya lo creo que Ricky se portó, pagó hasta el último céntimo que le pediste por tu asqueroso chantaje, y no lo hizo sólo para que todo se mantuviera en secreto por su carrera, también lo hizo por Natalia. Dijeron que ella se suicidó a los pocos días. No, eso tampoco es cierto. Natalia no se quitó la vida aunque sé que estuvo a punto de hacerlo en varias ocasiones, abrumada por la vergüenza. Su madre ni le hablaba y su padre no la miraba a la cara. Contando con el apoyo de Ricky, la chica decidió desaparecer, se esfumó para comenzar en un nuevo lugar, una nueva vida. Olvidarlo todo y volver a empezar. Todos los implicados perdimos algo ese día 5 de Febrero de 1999. Ricky perdió bastante dinero, Arturo perdió en el casino todo lo que había sacado con su chantaje, junto con su empleo y reputación, los padres de Natalia perdieron a su hija, Natalia perdió el respeto de los demás y de sí misma durante mucho tiempo... Y yo... Yo la perdí a ella. Perdí a la persona que adoraba, a la que estimaba más que a mi propia vida. La deseaba, la amaba, la idolatraba. Esperaba todo el día sumido en la pena cuando se iba al instituto y no estaba a mi lado. Solo una caricia suya era capaz de elevarme el ánimo hasta el infinito. Era su olor, su sabor, su voz, sus manos... Hacía que me volviera loco. Deseaba tanto lamer todo su cuerpo y hacer que se sintiera feliz. Era mi ama, era mi vida, era mi todo... Y todo se terminó ese día. Ya no quiso volver a tocarme, no quería ni verme. Le recordaba lo ocurrido y lloraba en cuanto me acercaba a ella. Me mandaron a casa de su tía, pero ella se cansó pronto de mí. He ido de casa en casa, de amo en amo, hasta que me dejaron tirado en una carretera comarcal. Ahora vivo en la calle, medio ciego y mendigando lo que puedo. Tengo ya 15 años, así que poco tiempo me queda de vida. A veces pienso que todo esto fue culpa mía, que yo propicié que ocurriera por mi zoofílica perversión hacia mi ama, pero es que no pude controlarme, la amaba tanto... Ya han pasado diez años de este episodio que os acabo de confesar, y deseo de todo corazón que a Natalia le haya ido genial en la vida. En estas noches en vela me la imagino de nuevo con su sueter de cuello vuelto, su sonrisa encantadora y trabajando como entrenadora para competiciones de perros de raza, y entonces me muero pensando que pueda haber otro Cuqui en su vida y que sí, que se olvidó por completo de mí. Yo nunca te olvidaré, mi amita, te querré siempre, siempre te querré, mi amada Natalia. Siempre y para siempre, Cuqui, tu perritillo. May 24 LAS GUARRAS DE LAS GALAXIAS (EPISODE III)
Advertencia: Este relato contiene contenido sexual explícito, por lo tanto no es adecuada su lectura para los menores de 18 años. Nota de GatitaKarabo: Este relato ha sido escrito entre el gran autor de Todorelatos llamado Masulokunoxo (Masu, para abreviar) junto con una servidora la GatitaKarabo, uniendo ideas cada vez más alocadas para crear esta irreverente historia de monjitas galácticas y de polvos redentores. Ha sido un verdadero placer escribir con un escritor tan ocurrente y con un sentido del humor tan peculiar (cachondo) como el mío. Espero que lo disfrutéis tanto al leerlo como nosotros al escribirlo. Gracias. ESCENA XXI. (El gran día ha llegado. El examen de posiciones horizontales básicas de folleteo, congrega en la bodega de carga a todo el pasaje y tripulación de la D.G –para algo está el piloto automático, ¿no? La única que falta es sor Angustias, encerrada bajo siete llaves en un compartimento estanco a prueba de fugas. La muy borrica, en un ataque de locura, estuvo a punto de abrir una exclusa exterior de la nave, alegando que tenía que ir a la charcutería. Las nueve novicias están eufóricas y excitadas, parloteando y toqueteándose entre ellas sin parar, luciendo como única indumentaria unos preciosos aros iridiscentes, con incrustaciones de carbo-neón, en las muñecas y los tobillos. -¡Estás divina, Amelia! El color de tus pezones, a juego con tus labios, resulta irresistible- exclama Patricia, que, efectivamente, no se resiste a chuparle golosa ambos pezones. El resto de novicias, con la disculpa de darse ánimos unas a otras, lo que se dan es un filete descarado, hasta que el alboroto que organizan con sus chillidos, y algún ahogado gemido, le sale de ojo a sor Dómina, que no puede reprimir su manía de dar órdenes. -¡Novicias! No os voy a pedir recato, porque esos tiempos han pasado a la historia…pero ya está bien de tonterías y…¡Angélica! Haz el favor de sacarte los dedos del chichi, que eso es hacer trampa. Por favor, sor Fina, proceda de una vez con el examen, antes de que estas locas organicen un desaguisado. Sor Fina de Karabo, impresionante, embutida en la ceñida túnica de símil-seda transparente, y flanqueada por un visiblemente demacrado fray Tipi de Cosobi, procede a establecer los turnos de examen. Comenzará X69, al que se le ha puesto al día la programación, para adaptarla al exigente trabajo que le espera de aquí en adelante, sustituido el colgajo que le implantó sor Frígida –con más voluntad que maña- por una lengua totalmente operativa y una polla retráctil que es un primor. Las tres novicias que debutarán con él, escogidas al azar, cambian enseguida el gesto de disgusto por un “Oooh” admirativo, en cuanto X69 activa con la voz -“Pollaz fuega”- su instrumento. El siguiente será fray Tipi, al que ha tocado en suerte Angélica, junto con otras dos no menos voraces novicias, que dirige un gesto de “Nos vemos luego” dirigido a sor Frígida, que ha escogido para la ocasión un conjunto sexy de corpiño y liguero negros de símil-cuero, a juego con unas medias de hilo de carbo-neón que emiten hipnóticos destellos dorados. Por último, Vitus Lafontaine, que se ha unido a la fiesta en el último momento, es abordado por Patricia, Amelia y otra novicia más, que baten palmas con las manos y aplauden también con sus chochitos, orgullosas de catar al semental que, según los últimos rumores, es acaparado por la madre superiora…siempre abusando de su posición, la muy bruja. Vitus se deja conducir por sus tres entusiastas candidatas a la plataforma acolchada que servirá de multitudinario catre de folleteo, dibujando una torcida sonrisa de cabronazo cuando pasa por delante de su –hasta ayer, pero nunca jamás- adorada Domi. Si las miradas matasen, la que le devuelve sor Dómina lo estrangularía, acuchillaría con saña, lo pondría a la brasa en los escapes iónicos de la nave, le pondría una pizquita de sal y usaría los restos para cebar a las ratas mutantes de las lunas de Júpiter. -Pero si éste se cree que estoy celosa, va listo- se consuela a sí misma. -¿Y nosotras…Estamos exentas?- pregunta una decepcionada sor Frígida, que aún no se cree la cantidad de salvajes orgasmos que su pichoncito Tipi es capaz de proporcionarle con el látigo multiorgásmico ACME. -Como estas lobas me lo agoten, van a saber quién es la Frigi cuando se calienta. -A vosotras os reservo una prueba especial, con Lucilla y conmigo como maestras de ceremonia- contesta con desparpajo sor Fina, sacando de no se sabe dónde un muestrario de juguetitos a cual más exótico. - ¡Jesús, María y Spock! ¿Seguro que eso nos cabe?- exclama consternada sor Frígida, señalando un aparato de dimensiones monstruosas, imaginándose con él dentro y visualizando al pavo relleno de la cena de Nochebuena. No hay peligro. La bruja de sor Fina, que se las sabe todas, lo utiliza como elemento de distracción para que sus pupilas no se asusten cuando echa mano de otros cachivaches menos espectaculares. Mientras tanto, X69 ya está en plena acción, dando una buena ración de polla con accionamiento hidráulico a dos novicias que, tumbadas una encima de la otra, se morrean con pasión. La tercera espera su turno y entretiene la espera con los tres deditos que X69 le tiene encajados en el chichi. Fray Tipi, al que sus tres ansiosas novicias no han dado ni tiempo de quitarse la túnica, está tumbado de espaldas, con la incómoda prenda tapándole la cara –en la vieja Tierra a eso se le llamaba “la lechuga”, truco muy práctico, cuando de tirarse a una tía fea de cojones se trata-, con lo que se pierde el espectáculo de ver una boquita de piñón mamándosela a pulmón libre, otra devorándole los huevos, y la tercera amorrada a su culo, tanteando la firmeza del esfínter con la punta de la lengua. Y no menos acosado se ve Vitus, ya en pelota picada, en una extraña postura: de rodillas, con la cara enterrada entre los muslos de Amelia, con Patricia tumbada y colgada de sus caderas, dándole un buen repaso a la polla, y la otra novicia haciendo lo propio con su compañera. (Es una lástima que la holograbación se haya perdido y no puedan apreciar el escultórico efecto de los cuatro cuerpos). Hora y media después, fray Tipi yace desfallecido, más muerto que vivo. Sus tres novicias se esfuerzan con la respiración boca a boca y el masaje cardiaco…pero eso no tranquiliza a sor Frigi, que duda de los métodos de reanimación de esos tres putones. ¿Desde cuándo el boca a boca se da con lengua? Y peor aún…¿Masaje cardiaco con dos dedos en el culo del paciente? Algo más fresco se ve a Vitus, aunque la cara de susto no se la quita nadie. -¿Quién cojones me manda meterme en estos “fregaos”? Con lo a gusto que podía estar ahora con Lucilla, que con dos polvitos y una mamada me deja como una rosa. En cambio, estas cabronas, están empeñadas en licuarme la médula espinal y sacármela por la punta del nabo- reflexiona el intrépido comandante espacial, que jamás se ha visto más apurado. Y menos mal que no ha visto las furibundas miradas que le lanza sor Dómina, porque entonces sí que se acojonaría de verdad. Ni sor Domina de La Vega ni sor Frígida de La Flagelación están en lo que se celebra, a cuatro patas y recibiendo cera por detrás -a manos de sor Fina y Lucilla, respectivamente-, equipadas con unos vibradores con arnés que, en otras circunstancias, les habrían bendecido con media docena de orgasmos vaginales y un par de “sustos” anales. Es lo que pasa cuando participas en una orgía e incubas un ataque de cuernos agudo. Pero nos hemos olvidado de X69. ¿En qué condiciones se encuentra el simpático androide? -¡Ezto ez la foztia! Ven p´aca, guicuga, que zólo quedan doz gondaz paga la media docenita. No hay que preocuparse por X69. El indicador de la pila fotofónica sigue en verde y aún le queda batería para rato. Las que deberían preocuparnos son las tres novicias, que presentan síntomas de tumefacción labial –bucal-, hinchazón labial –de labios mayores y menores-, calambres vaginales y escandalosa dilatación anal. Aunque todas han aprobado el examen, éstas se merecen matrícula de honor. ESCENA XXII. (Sor Dómina de La Vega y sor Frígida de La Flagelación pasean por el mirador de la D.G, un lugar tranquilo, con preciosas vistas y propicio a las confidencias. El léxico empleado por la Frigi no es tan fino como el que solía emplear antes –como a buen seguro no dejará de observar el astuto lector-, debido a la nefasta influencia que ejerce sobre ella el deslenguado de fray Tipi). -No merece la pena llorar por semejante capullo, Domi, hazme caso. ¿Te acuerdas que hace diez días casi nos caemos de culo cuando se presentó en el convento rascándose los cojones y apestando a seudohabano? Pues esos tipos no cambian…o sí, pero a peor. -¿Cómo se puede ser tan encantador y, un momento después, tan asquerosamente insensible como para llamarme puta a la cara? Yo trataba de explicarle que las normas de nuestra orden han cambiado de la noche a la mañana…Imagínate, la escena, Frigi. Aún no se me había pasado el susto y la impresión…-tremenda impresión, cuatro veces impresionada- de la primera vez, y al mala bestia le faltó poco para compararme con el engendro mecánico de Lucilla- se confiesa la madre superiora entre sollozos e hipidos. -Esto…¿Has hablado ya con sor Fina?- pregunta inquieta sor Frígida, que no puede evitar dar un respingo al oír nombrar a Lucilla. ¿Cómo explicarle a Domi que ha sucumbido a los encantos de esa cosa –¡pero qué cosa más rica, santa Genoveva!- en un momento de debilidad? Y hablando de debilidad: ¿Porqué ha tenido que fallarle, precisamente ahora, el pichafloja de fray Tipi? ¡Menudo campeón de pacotilla del Polvo Redentor está hecho! Claro, una que es muy sor, y no perdona la ración diaria de flagelo –la que el pichafloja no le dio ayer-, se encontraba indefensa, incapaz de decir no a un buen 69. No es lo mismo que te frían el culo a latigazos –y ten den después por el ídem, cuando aún te escuecen las nalgas-, a que te coman el chochito con tanto arte. ¡Qué va a ser lo mismo! La próxima vez que se le acerque fray Tipi, se va a enterar de lo mono que le queda el mango del látigo encajado en el ojete. ¡Por sus muertos que sí! -Si te refieres al cuento ése de que todos somos robots, sí, ya me lo ha contado. Lo que me confirma en mis sospechas: esos dos son espías enviados por los mecanos para sabotear nuestra misión. ¿Te imaginas que fueran falsos los documentos que nos enseñaron del Concilio Ecuménico Católico-Budista? ¿Y que la doctrina del Polvo Redentor fuera una?…una- sor Dómina es incapaz de terminar la pregunta, porque, de confirmarse sus sospechas, más le vale tirarse de cabeza al primer agujero negro que encuentre. –Andando, hay conectar con el Vaticano por la línea segura- decide finalmente, olvidándose de golpe del cabronazo de Vitus. -Buenas…Verá, disculpe que le despierte a estas horas. Le pongo con la reverenda madre superiora sor Dómina de La Vega, abadesa del convento de las Teresianas Espaciales en la cara oculta de la Luna, actualmente en tránsito espacial hacia…Eso, ¿hacia dónde coño vamos, Domi? -¡Trae acá, desastre! Sor Dómina al habla. Esto es una emergencia nivel 5. ¡Despierte a la Papisa inmediatamente!...(desfase temporal de diez segundos, antes de recibir la respuesta)…Mire, buen hombre, no me toque la toca y no me haga decir alguna barbaridad…(desfase)… ¡Póngame con la Papisa, ya!...Y me importa un comino que esté comulgando con la polla del Dalai o afeitándose el conejo. ¡¡¡NIVEL 5!!! -No te lo vas a creer, Frigi. La Papisa acaba de parir esta mañana un bebé color café con leche, tirando a marrón oscuro. Al Dalai, imagino que por el disgusto, le dio un mal aire y se tiró por el balcón de la Plaza de San Pedro, sobreviviendo a la caída, pero no a la estampida de los fieles congregados, que lo han pateado más que el felpudo de los almacenes ACME en rebajas. Y el cardenal camarlengo, el único que había disponible para atender la llamada, me acaba de terminar de poner los pelos de punta- anuncia con hilo de voz Domi, sin acabar de creerse aún lo que acaba de escuchar. -¡Jooodeeerrr! ¡Uy, perdón! ¿Aún hay más? -Sor Fina y fray Tipi son quienes dicen ser, confirmado…y algo más. Debemos creernos lo que nos cuente sor Fina…sólo sor Fina. Si no la creemos –será difícil, o tenemos unas tragaderas como las de la Papisa, según el camarlengo-, basta con pulsar su pezón izquierdo, girar la oreja derecha en el sentido de las agujas del reloj…-¿Tú te acuerdas en qué sentido giraban esos trastos prehistóricos?- y teclear un código de nueve dígitos –espera que lo apunto, antes de que se me olvide- en el panel deslizante que aparecerá a la altura del ombligo. -¿Y luego? No me digas más, se autodestruirá en treinta segundos- sor Frígida intenta tomarse a la ligera lo que acaba de oír, pero le tiemblas las piernas.
ESCENA XXIII Al día siguiente se convoca una reunión de urgencia en la bodega de carga, con asistencia obligatoria para todos los pasajeros y la tripulación al completo, androides de reparaciones incluidos. Sor Angustias no está invitada. De hecho está encerrada, amordazada y dopada, ya que no hay dios que aguante a la vieja, empeñada en romperles los tímpanos a todos a berrido limpio. Las novicias, pensando que se trata de una prueba especial de aptitud, se arañan y amenazan con sacarse las tripas unas a otras. -¡Me pido a X69, me lo pido, me lo pido…que te rajo, so puta! Vitus, medio loco con el run-run de sor Angustias, amenaza: -O hacen callar a la loca, me importa un huevo cómo…o la utilizo como blanco del cañón de impulsos de la nave. Fray Tipi, anonadado por la revelación que tuvo escuchando lo que no debía, la mirada perdida, y aún muy débil para pensar con claridad, repite un mantra: -Reinicio, beep, beep, reinicio. Con un gallinero tan alborotado, sor Dómina se teme lo peor, pero está decidida a aclarar el misterio de una vez por todas y delante de testigos. Lo peor que puede pasar es que a la mitad le dé un patatús, y la otra mitad se arroje al vacío estelar por la escotilla de emergencia. -Que sea lo que Dios quiera- resume, santiguándose. -Sor Fina, por favor, descúbrase. Obedientemente, sor Fina se descubre de pies a cabeza, plantándose en pelota picada delante de sor Dómina, sonriendo, como si la cosa no fuera con ella. A continuación, toca el timbre de su pezón izquierdo y gira simultáneamente la oreja derecha hacia atrás. Los atónitos espectadores no dan crédito a sus ojos al descubrir el panel de cristal líquido en su barriguilla, mientras sor Dómina, tan tranquila, teclea en él. La bodega de carga se ilumina con la proyección audio-holográfica de la Papisa –sin bombo, así que la grabación es de hace meses, piensa sor Dómina- acompañada del Dalai –pobrecito, en paz descanse- y toda la corte de cardenales del Vaticano detrás. Ellos luciendo conjuntos de sotana, esclavina y birrete; y ellas con preciosos vestidos estampados de corte chino, entallados, largos y con abertura lateral hasta la cadera, y todo ello con el sello inconfundible de Emidio Mindundi (Colección Primavera-Verano 2.876). Queridísimos hermanos y hermanas, tengo el penoso deber de anunciaros una mala noticia. También hay una buena, así que…¿Cuál queréis primero, la buena o la mala? Venga, primero la buena. Pronto estaremos a salvo de la amenaza mormo-talibán, siempre que coronéis con éxito la misión que se detalla en archivo adjunto “sólo para los ojos de la madre superiora”. No os preocupéis…Está chupado. Ahora la mala. Agarraos y que no cunda el pánico, por favor. Ya habréis notado que sor Fina presenta…digamos, alguna característica un poco rara, ¿verdad? Por favor, que ninguna hermana trate de imitarla. Lo único que iba a conseguir es ponerse cachonda y terminar con las orejas doloridas. Sor Fina es el modelo original, permanentemente actualizado, del prototipo G. Karabo. ¡Exacto es G. Karabo “in person”! ¿A que se conserva estupendamente? El resto, pobres mortales, somos versiones con fecha de caducidad del prototipo original. Estos chapuzas de la Microsoft & Movistar Company no se gastaron un duro en el proyecto de desarrollo y, claro, así nos va. Material biodegradable, decían. Pero bueno, eso ya no tiene remedio y nos toca apechugar con un chasis que terminará siendo pasto de los gusanos recicladores. Mucho más importante es saber que nuestra programación refleja a la perfección la mente humana, así que podemos decir que somos humanos, con micropocesadores en lugar de ADN. ¿Pero a quién le quita el sueño tan insignificante detalle? Os estaréis preguntado si quedan humanos auténticos…de los de antes, y qué pasa entonces con los robots actuales. La respuesta a la primera pregunta es que no, aunque ya empieza a circular por ahí la leyenda interplanetaria de que alguno queda. Respecto a los robots actuales, pueden elegir entre seguir siendo tostadoras con patas –con fecha de caducidad indeterminada- o cambiar su programación a la opción B…y palmarla como todo hijo de vecino, por oxidación acelerada de sus componentes. Venga, que no decaiga el ánimo y entonemos con brío el himno teresiano espacial. QUÉ BUENAS SON LAS TERESIANAS ESPACIALES Y CON SUS MONOS ESPECIALES MOLAN MOGOLLÓN.
ESCENA XXIV (Tres meses más tarde, el cava hidropónico Frei & Xenet, marca blanca del monopolio espacial ACME, corre a raudales por la D.G, contribuyendo al ambiente festivo que se respira a bordo). -Domi, querida, ¿hace otro chorrito de cava en el ombligo? A mi me pone como una moto beberlo así. A ti también, ¿verdad?- pregunta un más que achispado Vitus a una no menos pedo –por la falta de costumbre en empinar el codo- sor Dómina, que retoza juguetona entre los almohadones del camarote del comandante. (Un momento. ¿Qué pasa aquí? ¿Estos dos no andaban antes tirándose los trastos a la cabeza? ¿Dónde está el cacho de película con la reconciliación? ¿Y qué coño están celebrando? ¿Ven ustedes lo que pasa en estas peliculitas de arte y ensayo de ínfimo presupuesto? Y, encima, sin efectos especiales. ¡Cagunmismuelas, menudo timo!) -Vale, pinchoncito mío, pero luego me vengas con que te escuece la polla cuando te la meto en la copa. El cava con leche me chifla. (Ahora toca esperar un buen rato, así que ármense de paciencia, aprovechen para ir al baño o a por la cervecita, mientras Vitus se pone ciego chupeteando el ombligo de Domi, persigue implacable unas gotitas que se le escurren hasta el conejo, y termina haciendo trampas –confirmándonos que este chico no es de fiar- metiendo la lengua en la cueva del conejo. Ahora le toca el turno a Domi, sorprendiéndonos con una felación con mucho estilo –está claro que ha practicado mucho desde la última actuación-: moja el churro, se come el churro; lo moja, lo come; moja, come; …, … parece que ya…no, todavía no; … , … ¡Bien, ya era hora, coño! A ver si ahora nos dejamos de guarradas y nos enteramos de algo). -Venga, no seas tímido y pregunta lo que me hicieron los hijos de puta mormo-talibanes cuando me capturaron. Sé que te mueres por saberlo, pero temes que la respuesta te haga hervir de celos y que yo me ponga bruta…como la última vez- le suelta Domi, así de sopetón, sin anestesia, a un Vitus muy sensible con el tema. -No sé si es peor saberlo o imaginármelo. Si me dices que te han tocado un solo pelo, los achicharro a cañonazos de impulsos. Si me lo tengo que imaginar…los achicharro igual. Así que sé buena chica y dime que se han portado como unos caballeros. ¿Y cómo sabías dónde se escondían? Porque el asteroide está bien camuflado entre los anillos de Saturno. -Gracias a un chivatazo de sor Fina. El plan de sabotaje también era suyo. Había que dejar que nos capturaran…por eso salimos de excursión en la lanzadera como dos turistas de picnic. -Sin avisar, desgraciada. Pillé un rebote de cojones al enterarme y casi me da mal cuando localicé en el scanner a las naves mormo-talibanes. -Después del interrogatorio de rigor…sin que nos violaran ni nada, aunque íbamos preparadas para la eventualidad, nos encerraron. Para sor Fina fue un juego de niños reventar la cerradura de la celda –brazotes y piernotas de aleación hiperresistente, como la llamaban en el s. XXI-, colarse en la sala de control y descargar el archivo condensado con todos los conocimientos que esos animales se empeñan en negar. Dentro de una semana se habrán infectado todos con un ansia compulsiva de saber…y adiós amenaza mormo-talibán- resume telegráficamente sor Dómina la aventura. -Ya, y después pensabais pedirles permiso para volver, tan ricamente. -No, para eso estabas tú, mi celoso Vitus. Contábamos con que aparecerías echando espumarajos por la boca, repartiendo cera a diestro y siniestro y poniéndonos a salvo…como así fue- termina Domi de relatar, carcajeándose en la cara de un Vitus fingidamente ofendido. -No sabes cuánto me jode ser tan previsible, bruja. ¿Y ahora, qué? -Ahora, con mis novicias en plena forma, a propagar la doctrina del Polvo Redentor por todo el sistema solar y más allá. Sigo siendo una monja…lo sabes, ¿verdad? Lo que me pide el cuerpo es otra cosa…también lo sabes, ¿verdad? -… -Ahora deberías ponerte de rodillas, jurarme amor eterno y dedicarte a convertir a esas pobres descarriadas…porque se te da muy bien. -La oferta es tentadora, Domi, pero no me armes un escándalo si la rechazo. Tú eres una monja…con sus manías de beata, aunque últimamente vas mejorando. Y yo un cabeza hueca con culo de mal asiento. Íbamos a hacer una extraña pareja. -Lo sabía. -Pero vuestra orden, y lo digo pensando únicamente en el éxito de la misión, tendrá que moverse de aquí para allá continuamente, ¿no? ¿Y qué mejor piloto que yo conoces? -Señor Vitus Lafontaine, me complace informarle que acaba de resultar adjudicatario del contrato de transporte de las Teresianas Espaciales…en exclusiva. ****************
EPÍLOGO
-Cuaderno de Bitácora de la nave Delicious (.) G, 15 de Julio, año lunar 2.882. Destino: Vía Láctea, sector 328, cuadrante 660, más concretamente, el Planeta Tierra -Vitus iba a encender el puro, pero desiste para no liarla, y se reclina de nuevo en su sillón de comandante de la cabina de vuelo. -Yo voy a bajar en Tierra-interrumpe una voz tajante, desde la cama. -Tú te callas -le señala con el dedo un Vitus visiblemente molesto, susurrando-. Y no me interrumpas. -Bueno, pero que sepas que yo voy a Tierra. Vitus la mira, entorna los ojos y suspira... La adora, la quiere con toda su alma, en serio, y eso que pensaba que la cosa no funcionaría, pero es que hay días en los que se plantea muy seriamente agarrarla del pescuezo y lanzarla por una de las escotillas de la nave. Vuelve a darle al botoncito del panel digital y prosigue. -Han transcurrido cinco años desde el éxito de nuestra misión contra la amenaza mormo-talibán. Aún así, y atendiendo a las últimas pesquisas de nuestras confidentes (hay que ver cómo sacan información nuestras monjitas Teresianas Espaciales a los feligreses, además de sacarles la poll... bueno, otras muchas cosas más, ejem...), quedan reductos rebeldes terroristas ocultos en nuestro Planeta Madre. Así que allí nos dirigimos. La propagación del saber, la cultura, y el antídoto anti-virus de la ignorancia a través del Polvo Redentor, han sido todo un éxito. Siete de nuestras antiguas novicias, gracias a su aplicación y las horas y horas dedicadas a sus oraciones... venga, dale que te pego a rezar, dale que te pego, ora et labora, ora por delante, ora por detrás, con grupos inmensos de feligreses impíos...y hay que ver lo inmensas que las tienen algunos de esos desgraciados ¿Qué estaba diciendo? Ah, sí... Pues estas emprendedoras sores ahora dirigen noviciados, beaterios o casas de puti... digo...ejem... templos de retiro y relax de la orden Teresiana, situados en los principales puntos de la galaxia. Sor Amelia y Sor Patricia y Sor Rosalinda, capitaneadas por Sor Frígida de la Flagelación, están en el más allá, Dios las asista, en el nombre del padre, de la madre, de la hija, del hijo, del hijo de p.. de buda, hijo de buda. -ahora se pone colorado- !Joderr! Tanto tratar con monjas, es lo que tiene, que se te acaba pegando, mecaguuuunnnn... Voy a acabar de rodillas y rezando el rosario, las letanías y la salve rociera vestido de lagarterana. Coño, Vitus, quién te ha visto y quién te ve. No. No es que Sor Ame, Sor Patri, Sor Rosi y Sor Frigi la palmaran, sino que están más allá del último cuadrante conocido, en una nave exploratoria misionera para convertir a los infieles, a esos nativos salvajes degenerados mutantes del espacio exterior de los planetas inexplorados. En cuanto se enteraron de que eran poblados atrasados que habitaban en chozas junto con el ganado, en plan rústico, ellas se empeñaron en llevarles la palabra del Señor e inculcarles el saber y la ciencia, como buenas hermanas misioneras. El caso es que, sinceramente, yo creo que se empeñaron en cuanto se enteraron que los salvajes mutantes tenían un buen par de pollas cada uno. Incluso las hembras tienen un pollón de 20 cm incrustado en la frente, a modo de unicornio. -Va a empezar la holopeli de X69 en el canal 234XXX. ¿La vamos a ver? -No, Domi, no la vamos a ver -Vitus, irritado, le quita el mando de la holovisión y cambia de canal a un informativo-. Es un desertor. ¡Será posible, el cabrito renegado del X69! ¡Un miembro androide reputado no abandona nunca la nave a su cargo! Ni aunque le ofrezcan un contrato fabuloso como porno-star en los canales XXX. De oro y adamianto se ha recubierto la polla, el muy... re...putado. La culpa de todo la tuvo la bruja esa de la Sor Agonías, inculcándole esas ansias de liberación. Que si somos libres, que si no somos esclavos, que si ya se sabe que somos todos de la misma raza robótica, que está muy feo que un robot posea otro robot, que si me siento como Kunta Kinte, que no sé quien coño es, pero me tenía hasta los cojones de tanto nombrarlo... Y encima, con todos los votos a favor de las monjas por la liberación de mi equipo. Cualquiera no se rinde. Ahora tengo androides contratados afiliados al SC, el Sindicato Mecano. Sí, la choriza de Sor Angustias es ahora la principal dirigente sindical de los mecanos, con sede en Campillo de Salvatierra, cuna del chorizo ibérico. Y me callo, no vaya a ser que estos me oigan y se monte otra huelga de tuercas caídas, y todos cantando el hoy no me quiero levantar. En ese momento, Fray Tipi de Cosobi aparece en la holopantalla saludando a una multitud desde el balcón del Palacio de la Santa Sede Lunar, ataviado con la singular capa de fibra vegetal simil-cotón amarillo azafrán, combinada con la túnica color rojo grana United Colored of Benitón, cinto dorado Dulce&Bannana, y rodeando con el brazo a su Santidad la Papisa, que luce mitra, sotana, casulla y estola en simil-lino color melocotón, fiel a su diseñador habitual Emilio Mindundi, aunque por cuarta vez repitiendo traje, como podrás leer, avispado lector, en la revista HuolaCaracuola. (Eso en el caso de que seas un prototipo de los de calidad, un chatarra sin fecha de caducidad o un pseudohumano de la generación del 28-00. Si no, pues te lo cuento yo, y tú te lo crees, que así lo afirman Mari_ñas.01 y la MaríaPati_ño.02). -Se ve raro a Fray Tipi así, todo calvo, ¿no? -Se le ve como el culo. Chulo cabronazo. Ni un pelo, sí, ni un pelo de tonto tenía el reiniciado... Venga a reiniciar, venga a reiniciar... Y al final se reinició en la congregación budista, que ya sabía yo que era todo un hijo de Buda, con la idea fija de llegar a ser Dalai Lama...Lama...drequeloparió, y consolar a la viuda Papisa. Buenooo... Consolar a la viuda por delante y por detrás al resto de la curia de cardenalas, que las deja llenas de cardenales también por detrás, válgame la redundancia. -Comandanteeee... -Domi se levanta de la cama y ronronea mimosa como una gatita a un Vitus que sonríe ya más divertido que enfadado. -Cuando me llamas así, es porque quieres algo... Pues no, a Tierra no bajas. -¿Y por qué no? -plantándose delante de Vitus y torciendo el gesto. -Porque lo digo yo, que soy el dueño de la nave, el piloto comandante y porque... -se levanta de su asiento, acercándose a ella, y con una voz metálica medio asmática, profunda, sí, como Darth Vader, sí, esa, esa, sí, y con fondo musical de la Marcha Imperial, tata... tachan, ta tachan, ta tachaaan... añade- Y porque... yooo soooy tu paaadreeee... La niña de cuatro años se pone colorada y toma aire. Aguanta la inspiración y luego explota berreando histérica. La enana tiene el mismito genio que su reverenda madre, y la misma tendencia a dar órdenes y salirse con la suya. -¡¿Qué le has hecho a la pequeña Dominica...?!-Domi, la mami, afirma más que pregunta y entra en la cabina como un torbellino, abrazando a la nena y secándole los lagrimones- Ven aquí con mamá, preciosa. No llores, sabes que no puedes bajar en Tierra. Es un sitio peligroso y es cosa de mayores. Además, sólo vamos a recoger a un par de pasajeros. -¿Ves? Lo que yo le decía. Será sólo unas horas, nanosegundo arriba, nanosegundo abajo. Papá volverá enseguida y te traerá un regalo bien bonito -¿Cómo es posible que, diciéndole lo mismo, con su madre se calme y con él berree? Los enanos son un misterio mayor que las mujeres. Si encima es enana, ni te cuento. -Sí, volveremos enseguida, cariño, y te traeremos muchos regalos bonitos. Y ahora a dormir -dice Domi, la enana Domi no, sino la madre, la reverenda madre, ex-sor y ahora madre y esposa, que mira a Vitus con intención, ya que éste está a punto de protestar y decir que ella tampoco viene. Vitus se calla y espera a que Domi vuelva de acostar a la pequeña para protestar. -¿Y la pequeña Domi? ¿Qué hacemos con ella? -pregunta Vitus, reticente. -Se queda con Lucilla. –esta última acaba de entrar en la cabina-. Compré en Saturno el programa "Babbysitter SuperNanny marca ACME". Sólo basta introducir el pen_chip en su sistema y ya tenemos canguro especializada. (Ahora yo podría argumentar el caso famoso de la minina... mininanny con doble programación, niñera y sexual, que se le mezclaron ambas una tarde aciaga, y que no voy a relatar por no volver a cabrearme y que se me salte un circuito. Aunque especulo que el fallo del prototipo se debió a que era de mala calidad…y a que se pegó un guarrazo patinando. Bueno, vale. Mejor me callo). -Mi comandanteeee... -Domi se tumba en la cama, junto con la cyborg. ¿Es necesario que diga que ya están desnudas y toqueteándose? Creo que no-. Vitus, cielo... Mmmmm... Antes de introducir el pen-chip en el sistema de Lucilla, podemos jugar esta noche a tres bandas con tu hermoso pene-cipote, que puedes introducir en cada uno de nuestros sistemas. La idea de una noche de sexo salvaje con Lucilla y Domi en su cama, esos dos cuerpos preciosos, dos pares de tetas, cuatro pezones, dos bocas con dos lenguas expertas, retándose para lamerle la polla, dos chichis divinos uno para cada mano, igual hasta una le come el chichi a la otra y viceversa, y luego se lo comen a él; y después, que si a ti te la meto, a ti te lo como, ahora este culito, ahora este otro culito... Y claro, la polla del comandante hace la ola, tan animada como la mejor cheerleader con sus dos buenos pompones. Y todos sabemos que cuando a un hombre la polla le hace la ola, ya no piensa con más cabeza que con la calva, que por muy pseudo-humanos mejorados que sean, el riego sanguíneo no da para tanto. Así que Vitus Lafontaine claudica y se baja los pantalones, eso sí, con una sonrisa triunfal y una polla que da brincos de alegría. ***** OTRO EPÍLOGO QUE, COMO ME ENROLLO, HAY DOS. La situación en nuestro Planeta Madre sigue siendo tan caótica como es habitual. Aunque la tortilla política se dio la vuelta, y distintos perros lucen los mismos collares, y a pesar de que la tecnología haya transmutado la mayor parte del entorno... hay cosas y lugares que no cambian por muchos siglos que pasen. Ruinas de la Capilla de San Manuel, el Bueno, Mártir. (Monasterio Cisterciense de la aldea de Valverde de Lucena) 18 de julio de 2.882
La sombra ataviada con el hábito deja el candelabro de fotones en el suelo. La monja se arrodilla ante la urna mortuoria del corpus incorruptus del santo, y con un empellón impulsado por la capacidad de esos brazotes y piernotas famosos en toda la galaxia, desclava la tapa de vidrio y mármol. -¡Cagunmismuelas, GK! ¡Ya ni le dejan a uno echar una buena siestecita! ¿Y esa cara, Karabo? Miedo me das, bruja, que tú ya estás tramando algo. -Venga, Masu, socio, levanta tu culo gordo y peludo de luchador de sumo de ahí, y muévete, que llevas unos ciento cincuenta años de siesta, y ni la bella durmiente, chaval -le sonríe la G. Karabo, alias Sor Fina, alias GK, alias GatitaK, alias... (También alias la zorra, aunque esa es otra historia, por Dios) -Al menos a esa la despertaron con un beso, y tú me despiertas a gorrazos. ¿Qué pasa? -pregunta el hombre algo aturdido, sacando un habano de un envase hermético que mantenía oculto entre los pliegues de la sotana. (Un momento. ¿Acaso no dicen los libros de historia que murió descuartizado por los proto-talibanes de TR? Para que te fíes de -Dentro de unos minutos aterrizará la D(.)G en la base de aerolíneas espaciales de Puebla de Sanabria. Tenemos una nueva misión. Te lo contaré todo por el camino. Nos espera fuera un aerotaxi. No, nooo... ¿Pero qué haces? Guarda el puro, que en los aerotaxis no se puede fumar. -Buenuuuu... Mientras no tengamos que escribir en caracteres Klingon, ya me doy con un canto en los dientes- masculla entre dientes, intentando, de paso, levantarle el hábito a la socia…porque no hay cristiano que aguante ciento cincuenta años a palo seco. La Karabo le mira con una media sonrisita, encogiéndose de hombros. -¡Cagunmismuelas! ¡Cagüen los putos refajos de los cojones!
FIN LAS GUARRAS DE LAS GALAXIAS ( EPISODE II )
Advertencia: Este relato contiene contenido sexual explícito, por lo tanto no es adecuada su lectura para los menores de 18 años. Nota de GatitaKarabo: Este relato ha sido escrito entre el gran autor de Todorelatos llamado Masulokunoxo (Masu, para abreviar) junto con una servidora la GatitaKarabo, uniendo ideas cada vez más alocadas para crear esta irreverente historia de monjitas galácticas y de polvos redentores. Ha sido un verdadero placer escribir con un escritor tan ocurrente y con un sentido del humor tan peculiar (cachondo) como el mío. Espero que lo disfrutéis tanto al leerlo como nosotros al escribirlo. Gracias.
ESCENA XIV. (Séptimo día de navegación y parece que hubieran pasado cien años, piensa sor Dómina, que desde hace tres está en un sinvivir, obsesionada con la visión del órgano viril de Vitus Lafontaine, enhiesto y mirándola fijamente. Y para acabar de empeorar las cosas, sor Fina de Karabo ha decidido sustituir las charlas teóricas por las clases prácticas en la abarrotada bodega de carga). -Comenzaremos hoy con la primera lección práctica: ¿Qué es una polla? ¿Para qué sirve? Mantenimiento y revisiones periódicas que precisa para un óptimo funcionamiento durante su vida útil. Pero, primero, a ver esos deberes: ¿Cuántos deditos os habéis hecho ayer?- interroga sor Fina a las novicias. Sor Dómina y sor Frígida, en atención a sus votos, a los que aún no han renunciado, están exentas de prácticas, pero han de acudir a clase. Sor Angustias ha pirado, como de costumbre. -Tres…y no fueron cuatro porque me dormí. Es que estaba reventada…-exclama Marina con orgullo, lanzando una mirada retadora a sus compañeras, pero le cortan el vacilón enseguida. -¡Ji ji ji! Cinco –Angélica-. Siete –Amelia-. Ocho, nueve…¡Dieciséis!- La puja al alza tiene una clara y ojerosa vencedora: Patricia, que mira de reojo a sor Dómina, temerosa aún de la reacción de la madre superiora. Pero ésta tiene la cabeza gacha y oculta su desconcierto tapándose la cara con las manos, horrorizada. -Bien, bien…muy bien. Pero no hace falta practicar hasta la extenuación, ¿entendido? No conviene que el clítoris se irrite y hay que tener mucho cuidado con las uñas, mis queridas y entusiastas acólitas. Además, hay que dormir y descansar bien…que falta os hará de aquí en adelante. Mientras tanto, fray Tipi se mantiene en un discreto segundo plano, cediendo todo el protagonismo a su compañera, y a la espera de que sean requeridos sus “servicios”. Aburrido, se entretiene en tirarle los tejos a una turbada sor Frígida, a la que un color se le va y otro se le viene ante las descaradas insinuaciones del comisionado del Concilio Ecuménico. -“¡Jesús, María y Spock, qué desvergüenza! Es que no para de contonearse…y ahora, encima, me mira con descaro. ¿Y eso que hace con la lengua? Pero qué bien le quedan las mallitas ajustadas al condenado. ¡Uf, me estoy poniendo mala!”- piensa la Frigi, que se relame de gusto al recordar la sesión de nueva disciplina ecuménica a la que ayer fue sometida. Se frota las nalgas, aún doloridas, y…un codazo en las costillas, acompañado de una inquisitiva mirada de sor Dómina, la devuelven a este mundo. -“¡Menuda zorrita está hecha la Frigi! Vamos, que nada más echarle la vista encima, supe lo que le hacía falta para que se desmelenara”- piensa mientras tanto fray Tipi, convencido de sus prodigiosas dotes psíquicas, capaces de convencer a un muerto -…perdón, una muerta- para que se levante de su tumba y se la chupe. Por algo lo llamaban “Rompebragas” en el barrio, antes de vestir los hábitos. Mientras sor Fina termina de explicar la práctica de hoy –“la polla y los cinco sentidos”-, fray Tipi se entretiene rememorando el tórrido encuentro con la Frigi. Con un poco de labia ecuménica, y un mucho de morro barriobajero, convenció a la sor para probar el látigo multiorgásmico ACME –que no deja marcas y estimula el centro cerebral del placer hasta extremos casi insoportables, como bien reza la propaganda del producto- en una sesión de penitencia por sus pecados. Lo jodido fue convencerla de que antes debía desvestirse. Pero como al bueno de Tipi no hay chochito que se le resista, solventó el problema apagando la luz de la habitación de pasajeros VIP. Lo que la monjita no sospechaba es que se había puesto sus lentillas de visión nocturna. Con lo que no contaba es que la Frigi estuviera tan buena. ¡Con lo que a él le ponen las jamonas pechugonas de generoso pandero! Como que se le fue la mano con el látigo…y claro, la Frigi lo pagó con media docena de orgasmos de los bestias. Y ya puestos, cuando la polla de Tipi le rozó –por accidente- los labios, se apoderó de ella en un acto reflejo involuntario. Que lo dejase seco, sin desperdiciar una sola gota, es lo que aún no tiene muy claro el fraile…pero ya se sabe que los arrebatos místicos de las que prueban por primera vez el látigo multiorgásmico son de temer. -¡Fray Tipi, despierte! ¿En qué estaba pensando? Acabo de decirle que se quite las mallas y se tumbe en la camilla para comenzar las prácticas. Y no hace falta que siga sobándose distraídamente la polla…creo que así está bien.
ESCENA XV. (Mientras las novicias examinan con lupa cada una de la venas, pliegues, y ese antojo tan mono que tiene justo al final del frenillo, de la polla de fray Tipi –examen visual-; comprueban la granítica dureza del tronco y la delicada suavidad del glande –examen táctil-; aspiran el delicado aroma de las gotitas que ya asoman en la puntita –examen olfativo-; oyen el casi imperceptible crujido que acompaña a un delicado apretón de huevos –examen auditivo…que está a punto de convertirse en ensayo de rotura, debido al ímpetu de una ansiosa novicia-; hasta que, por fin, cuando sor Fina les da permiso, se lanzan como buitres a la cata del nabo…Decía, que mientras estos sucesos tiene lugar en la bodega de carga, dos niveles más abajo, sor Angustias y Lucilla revuelven el equipaje de las monjitas). -¡Aquí está la prueba!- exclama eufórica sor Angustias, enarbolando unos ajados y polvorientos folios, que entrega a continuación a Lucilla. -¡Ja ja ja! Es tremendo, buenísimo. Gracias a mi sofisticada programación, puedo apreciar el humor de unas letras tan “mal” escritas y la ternura con la que trata a un personaje con el que me identifico. ¿Y dices que “Petri Woman” es un manuscrito inédito de G. Karabo? No me lo puedo creer. -¡Todo mentira! A principios del siglo XXI no existían las androides sexuales, luego el personaje en cuestión resulta profético. Además, la leyenda de que su autora fue quemada por los talibanes en la hoguera de fotones –aunque se lo merecía, la muy bruja-, es una leyenda sin base científica. Las hogueras fotónicas no se inventaron hasta trescientos años después. Y tenemos este otro cuento, escrito a los noventa años, dedicado a los miembros de cierto foro Proyecto Arte…una célula subversiva, seguro. Lo que está clarísimo en el relato que has visto, leyendo entre líneas, es que la autora era un prototipo de los primeros androides construidos por los Mecanos de la Primera Era. -¿Tú crees?- El morrito que pone Lucilla, al hacer el agudo comentario, pretende ser de pasmo y consternación, pero la verdad es que, a un observador imparcial, le parecería más bien el morro de una mamona de campeonato, a punto de hacerle el pijama de saliva a una polla imaginaria. Son los inconvenientes de una programación exclusivamente sexual. -¡Por las Leyes de la Robótica Asimoviana, claro que sí! Y te digo más…esa sor Fina, pretendida descendiente suya, es una impostora. Me da en la nariz que se trata de una hereje mecana. Habrá que vigilarla estrechamente. -Con estrechamente…¿Se refiere a muy estrechamente, sor Angustias? Por mi ya sabe que ningún problema. Y si me dice que la vuelva loca con la mamada de chichi especial de la casa, le prometo que se pasa el resto del viaje en coma orgásmico. ¿A fray Tipi de Cosobi también tengo que vigilarlo…estrechamente? -No hace falta. A ese pichabrava, en cuanto le echen la mano encima las novicias, se lo meriendan en dos holodiarios espaciales- concluye sor Angustias, muy satisfecha con el cambio de programación de Lucilla. Esto se merece celebrarlo con un buen bocata de chorizo…Algún gustazo hay que darle al cuerpo de vez en cuando, ¿no? ESCENA XVI. (Pasillos de la Delicious (.) G, con Fray Tipi intentado dar esquinazo a tres novicias en celo). -¡Fray Tipi, porfa, espere! Nada, que éste nos quiere dejar hoy sin clases particulares. Patricia, tú por el corredor de servicio. Angélica, tú registra la bodega y yo me ocupo de las habitaciones VIP- ordena Amelia, la estratega del grupo, con la esperanza de ser ella la que cace al huidizo fray Tipi y tener una clase particular para ella sola. Mañana es el examen de posiciones horizontales básicas y quiere sacar buena nota. -Habló la lista. Las habitaciones VIP para ella y los pasillos grasientos para nosotras. De eso nada- protesta Angélica, que se huele la tostada. -¿Tienes tú los códigos de acceso, guapa?- contesta Amelia con chulería, haciendo tintinear las placas de códigos en el bolsillo de su mono-hábito de novicia, igualito al de las sores, aunque un poco más entallado en las caderas y que realza sus naturales encantos con una ceñida banda alrededor de las tetas. Media hora después –nanosegundo arriba o abajo, debido a la distorsión que crea en el espacio-tiempo la estela iónica de la nave-, Amelia tiene acorralado al pobre fraile. Este duda entre abrir la exclusa de emergencia y saltar al vacío sideral, o hacer frente, por vigésimo quinta vez en tres días, a una novicia presa del furor polvo-redentor. Al final triunfa el sentido común…porque no queremos que esta bonita historia termine de forma tan dramática, ¿verdad? -Venga, Fray Tipi, un polvo rápido y le juro que no le digo a nadie dónde está escondido. Así puede dormir toda la noche de un tirón y estar fresco para el examen de mañana-, argumenta Amelia, ante un fraile que se estremece al pensar en lo que le espera mañana. –Si se porta bien, le dejo estrenar mi culito- La sola mención del culito, la oscura –nunca mejor dicho- obsesión de fray Tipi, obra el milagro de reanimar el exánime apéndice que cuelga entre sus piernas. (Y me perdonarán ustedes por cortar la secuencia y pasar a la siguiente escena, pero no me consta que las novicias sean mayores de edad…y no está el horno para bollos con las lolitas).
ESCENA XVII. (Dormitorio comunal de las monjitas. Noveno día –noche- de viaje. Allí no pega ojo nadie…salvo sor Angustias, que resopla como un búfalo –especie extinta de la vieja Tierra, pero que la mitología popular se empeña en asociar con la apnea del sueño-. Las novicias se traen un trajín de manos y aparatos a pilas que no es normal…incluso sor Frígida ha sucumbido a la tentación, ¡qué vergüenza!) Pero eso no es lo peor, tiene que reconocer al fin sor Dómina de la Vega, a la que atormentan visiones de pollas descomunales y la no menos perturbadora imagen de Vitus…en la cama…desnudo…con una polla no tan exagerada como las de sus visiones…pero mucho más apetitosa…-¿Pero en qué estás pensando, pervertida?- termina por recriminarse a sí misma sor Dómina. “Aunque, pensándolo bien, ¿no me he pasado casi veinticinco años cumpliendo a rajatabla los votos impuestos y obedeciendo las órdenes de la jerarquía de la orden? Pues ahora, ésa mima jerarquía me ordena lo contrario: convertirme a marchas forzadas en un putón espacial y convencer a base de polvos a cuanto hereje, ateo o agnóstico me tropiece por estos mundos de Dios. Si me lo llegan a decir hace quince días, no le lo creo. Pero tampoco me hubiera creído que existiera alguien tan arrebatador como Vitus. ¡Ah, Vitus, querido! ¿Dónde estás?...Eso…¿Dónde está?...Hace tres días que no le veo el pelo y…¡Esa bruja de Lucilla! Seguro que me lo está matando a polvos, el engendro mecánico con tetas del demonio”. Así que, ni corta ni perezosa, sor Dómina se levanta del catre cuartelero, se atusa el salto de cama, que ahora es obligatorio para dormir –un escándalo de simil-seda en tonos fucsia, que deja las tetas casi al aire y, por abajo, apenas llega a tapar el chochito…sin bragas, por supuesto- y se encamina hacia el camarote del capitán, dispuesta, si se tercia, a echar a patadas de allí a la androide. -“No sabe esa cosa con quién se la juega, que una es una es muy formal y educada…hasta que me provocan y dejo de serlo…cacho puta –perdóname, Señor-. Porque tampoco estoy tan mal a mis casi cuarenta años -¿casi?, vale, mejor lo dejamos estar-. Sólo había que ver lo contentos que estaban los mineros de Deimos…¡ji ji ji! Pues eso, que aún me queda mucha guerra que dar…y si hay que sacrificarse, que sea primero con Vitus”. -Vitus, ¿duermes? ¿Puedo pasar?- Lo malo es que esto último lo ha dicho después de abrir la puerta del camarote –Vitus nunca cierra con llave- y casi mata del susto al desprevenido piloto…que no, no duerme. Está desvelado y melancólico, observando el profundo espacio exterior –tan negro como su ánimo-, tachonado de estrellas –tan brillantes como el recuerdo de su adorada Domi-…mientras se tienta la polla con desgana. -¡Joder, Domi! ¿Eres tú realmente o es que me ha sentado mal el seudohabano que fumé después de la cena?- La polla de Vitus, mucho más lista que su dueño, ha reconocido a Domi y se despierta dando saltos de alegría. -Estás solo…- Elemental, mi querida Domi. Si no hay nadie más, lo realmente milagroso sería que no estuviera solo, responde su chocho por ella, que ni se ha fijado en el tejemaneje que se traen las sábanas a la altura de la entrepierna de Vitus. Ella no, pero su chochito sí. -Ya ves lo mal que me sientan las excursiones a Deimos en compañía del clero. Cinco días a palo seco…vergonzos… Sustituyamos la O que falta por la pasmada expresión e incrédulos ojos Vitus, presa de convulsiones al comprobar que el salto de cama yace a los pies de Domi. Los mismos pies que la encaminan derechita a su cama. -Me vas a tener que hacer un favor, querido Vitus. -¿Uno solo? Que te has creído tú eso. Media docena y que no se hable más. Pero antes, déjame que recree un poco la vista, a la luz de las estrellas. -¡Qué vergüenza, por Dios!- pero se gira, saca pecho, mete tripita –poca tripita-, levanta el culo, junta las rodillas y las flexiona ligeramente, tal como ha visto hacer a sor Fina. Siguiendo las recomendaciones de su instructora de combate, Domi se humedece los labios, toma aire y se dispone a acomodar la polla de Vitus entre la lengua y el paladar, pero éste la detiene, tumbándola a su lado y besándola con dulzura. Eso la descoloca. Sor Fina las ha instruido a conciencia sobre todos los aspectos del sexo –en su caso sólo teóricamente, claro-, pero se ha olvidado de las caricias y los besos. Justo lo que está haciendo Vitus ahora…y están ricos, ricos. Se sobresalta cuando una lengua pugna con insistencia con sus dientes –se acuerda de la tal Brenda, metiéndosela a Vitus hasta la garganta-, pero dura sólo un instante. Se le escapa un gemido de frustración, al desistir él en el intento, pero es sustituido por un escalofrío, al posarse en su cuello. Se retuerce de gusto y chilla como una loca, con el suave mordisco en el lóbulo de la oreja y la húmeda calidez de la lengua en su oreja. ¡Dios, que no pare! Los pezones se le han puesto tiesos y duros…casi tan duros como la polla de Vitus, que aún mantiene bien sujeta en su mano. Antes muerta que soltarla. Ahora es ella la que se lanza sobre Vitus, levanta su cara con una mano –con la otra inicia el rítmico vaivén que le ha vista hacer tantas veces a sor Fina sobre la polla de fray Tipi- y asoma tímidamente la punta de la lengua. La timidez le dura poco, lo justo hasta que la lengua de Vitus tropieza con la suya. A partir de ahí, procura seguir el ejemplo del putón verbenero de Deimos. “¡Joder con la monjita! Control y no la cagues, Vitus. Generaciones de viajeros espaciales te contemplan, y hay que dejar el pabellón de los Lafontaine bien alto. Pero como me la siga meneando así, va a ser que no”. Hábil en recursos, nuestro intrépido capitán opta por emigrar al Sur, encaminando el rastro de saliva hacia las más altas cumbres y espesas selvas. El ascenso a los “cinco miles gemelos” –no son ocho miles, ni falta que hace- es deliberadamente lento, zigzagueante y muy, muy húmedo. Así que, al plantar la bandera en la cumbre…o quizás porque un dedo acaba de tropezar con el cofre del tesoro en mitad de la selva, se desata una tormenta con aparato eléctrico. -¡Ay, por Dios! Para, para que me da mal. Sigue, así, así, asiií. ¡Uy, ay, santa Genoveva! No, sí, para,¡Jesús!, sigue. Evidentemente, a Domi le falta práctica en estos menesteres y emite señales confusas, que el bueno de Vitus ignora olímpicamente y sigue a lo suyo…ponerla como una moto y hacer el trauma del desvirgue lo más llevadero posible.
*** CONTINUACIÓN DE LA ESCENA XVII No es como se imaginaba. Está claro que no. Vitus Lafontaine ha desvirgado cientos de veces a Lucilla. La fantasía sexual que siempre le ha puesto a mil ha sido romper esa barrera de resistencia, como el gran guerrero, armado con su lanza, que asedia, invade y finalmente conquista el territorio virgen de cuadrante exterior del universo desconocido. Le encanta esa sensación. Como el explorador intrépido que consigue llegar donde nadia ha llegado, tocar lo que nadie ha tocado antes... Y plantar su bandera en la cumbre. Sí. Pero en Lucilla la rotura del fino himen de simil-piel regenerado no causa las mismas reacciones que en la mujer que tiembla como una hoja bajo su cuerpo. A pesar de que ha sido ciertamente delicado sabe que no ha podido evitar hacerle daño. Lo demuestran esos lagrimones que se escapan de los bellos ojos de la Dómina. Los retira suavemente con los dedos, la besa con dulzura y le susurra: -Eres tan jodidamente... bonita, Domi, que das miedo. Y sigue besándola ahora con mucha más pasión, un beso hambriento, ansiando saciarse dentro de esos labios jadeantes de la deliciosa lengua que se presta a recibir la suya.
No, no es como se imaginaba. Está claro que no. Sor Dómina de la Vega pensaba que sería completamente distinto. Las enseñanzas de Sor Fina la prepararon para algo vicioso, algo sucio a la vez que excitante, y sabía que sería doloroso. Estaba prevenida para ese dolor físico agudo y profundo, pero no para ese dolor amargo y mucho más profundo que siente arraigándose en su pecho por culpa de las dulces caricias y palabras del comandante. Sus pezones rozan el vello del pecho del hombre y ella se vuelve a estremecer, y mucho más cuando el empieza a moverse despacio y sigue mirándola de esa manera tan... perturbadora. No quiere que le mire. -¡Aparta!-le empuja la Dómina con el rostro tan encendido como su coño. -¿Pero qué..? ¿Te duele demasiado? -se preocupa Vitus. -No, ssshhh... prefiero que cambiemos de postura -indica la sor, jadeante, con una media sonrisa en su cara y la polla del hombre en la mano, sin soltar la presa. Vitus la mira un poco pasmado-. Méteme esta hermosa polla hasta el fondo y móntame a lo bestia... Y se coloca a gatas sobre el lecho, contoneando las caderas, provocando más si cabe a la rígida lanza del conquistador, que añora volver a clavarse en esa caliente y estrechita carne. -Y luego quiero hacerte una felación, o sea, una mamada, chuparte la polla hasta que te corras en mi boca, quiero probar el sabor del semen de un hombre, esa leche calentita y sabrosa de la que todas hablan... y... que me inicies también en el sexo anal, que mi culito es tan virgen como mi coño, y deseo que... Aaaaahhhh. Y claro, ella ya no dice nada más, porque Vitus no necesita más insistencia, y bien agarrado a sus caderas, se la mete efectivamente hasta el fondo. Sus manos se alternan en acariciar el hinchado botoncito y en sobetear los pechos bamboleantes, empeñado en proporcionar el mayor placer posible a la sor, mientras continua embistiendo por detrás, ansioso por acelerar el ritmo y correrse ya -que poco va a poder seguir reteniéndose si sigue así, que hace varios días que ni folla ni se pajea y en sus huevos se cuece, como en una cámara de magma, una intensa erupción prevista próximamente, rios de semen ardiente que no pueden esperar a ascender por la chimenea hasta el cráter del volcán. -Domi, cielo -le susurra sin dejar de moverse- me voy a correr dentro de nada, es normal que tú no te corras en l... -¡Joder, Vitus! ¡Hijo de Puta! ¡Santa Justa y Rufina te colmen de dones! ¡No te pares ahoraaa! ¡Me corroooo! ¡Cabronazo, sigue! ¡Bendito seas! Y Vitus, obediente, no se para ni en sus embistes ni en su meneo del dedito en el clítoris de la mujer, que aulla como un lobo -especie animal extinguida en la tierra, que, entre otras cosas como comerse a Caperucita, se dice que aullaba. Y el volcán entra en erupción, imposible detenerse ya, la presión acumulada estalla ante las contracciones intensas del chichi jugoso de la Domi. Chorros y chorros de material piroclástico seminal se alternan entre las bendiciones y maldiciones que vocifera la sor en pleno éxtasis.
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ESCENA XVIII
Simultáneamente a la escena del compartimento del comandante, esa noche en la D (.) G hay otros dos cuerpos en movimiento que no duermen. Entre las cajas apiladas en la bodega de carga, Lucilla, escamada por lo que le ha comunicado Sor Angustias, vigila estrechamente a Sor Fina. De hecho la tiene bien estrechada, apoyada en una de las cajas, asiéndola de ese hermoso culazo de impresión , con la cabeza sumergida entre sus piernas kilométricas. Y Sor Fina agita su melena pelirroja y jadea de nuevo convulsionándose de placer. Otra vez, otra, sí, otra, y es que van quince corridas ya simultáneas. Lucilla asoma la cabeza entre sus rodillas, se limpia los labios con el dorso de la mano y la mira con cierta suspicacia. -¡Increíble! -suelta la rubia robótica con los circuitos consternados por la incapacidad de procesar y analizar tal capacidad multiorgásmica en una humana-. No, cacho putón verbernero, a mí no me engañas. Tiene razón Sor Angustias en sus sospechas sobre ti. No puedes ser humana. ¡Eres una hereje mecana con programación sexual para distraernos y confundirnos, y tu verdadero propósito es hundir nuestros planes de liberación robótica! -Bueno, sí. Sí y no. ¿Sor Angustias te ha dicho que es un robot? Sí, claro, es de suponer, su prototipo de fabricación es de los antiguos, de segunda o tercera generación, uno de los primeros en cubrir los polímeros de acero con multiplicación celular de piel, tal vez por sea por eso. Probablemente uno de los sensores de procesamiento de su disco duro esté fallando. Puede ser que sea eso... No debería saber lo que sabe... a no ser... -¿A no ser quéeee? -pregunta la robot cada vez más aturdida, y a punto de cortocircuto de la tensión. -Que Sor Angustias lo haya descubierto por un texto antiguo virtual del foro Proyecto Arte, ese mismo texto que cayó en mis manos... una revelación de mi antepasada G. de Karabo y... de ese -ahora susurra, con un hilito de voz- de ese Masulokunoxo. -¿Ese Masulo..? Oooooh... - Lucilla se levanta asombrada de un salto-. ¡Ese hombre es una leyenda! Nadie cree que haya existido a no ser en la truculenta imaginación de ciertos lectores pro-mormotalibanes terribleros de su época... Un mamonazo, malas pulgas y un cabrito, según dicen las malas lenguas... y un encanto de persona, según afirman las buenas lenguas... Vaya usted a saber, pero un insigne autor de su época. -Pues sí, probablemente ambos eran prototipos especiales que viajaban en la curvatura espacio-temporal de la galaxia, desde nuestra época al siglo XXI, de ahí sus amplios conocimientos sobre nuestro mundo en su propia época. -Pero no comprendo nada -murmura de nuevo Lucilla-. Ellos eran robots, Sor Angustias es un robot, tú eres un robot, yo soy un robot... -Y todos lo somos, cielito -Sor Fina acaricia los pezones enhiestos de Lucilla, le mete un dedito en el chichi y continúa explicando-. Desde hace mucho tiempo que los humanos han ido mejorando su aspecto, al principio por un ritual de seducción: prótesis de silicona en los pechos, en el culo, implantes de colágeno en los labios, alargamientos de pene... Luego se puso de moda el implante neuronal, para aumentar la memoria, la capacidad sensorial, la inteligencia... Los humanos llegaron a transplantarse brazos cibernéticos para ser más fuertes, piernas de acero policromado para ser más rápidos... Hasta que finalmente los cuerpos quedaban cosificados practicamente al 90%. -Pero aun así, seguían siendo humanos. -Sí, eso es cierto. Pero lo que no sabe nadie es que la epidemia Kikikomori se extendió por toda la población, no solo afectó a los japoneses, afectó a todos los humanos, y mientras más humanos, más susceptibles de enfermar y morir. Sobrevivieron los... menos humanos y sin capacidad de reproducción. Entonces, a partir de ahí, pues se elaboraron "nuevos humanos" en laboratorios especiales, con características... muy humanas, y al final fueron tan jodidamente parecidos a los humanos, que ellos mismos se consideraron humanos. -Entonces... ¿ya no existen los humanos? ¿No hay humanos? ¿Todos somos mecanos? -Pssss, hay ciertos humanos "vivos" aún. Un tal Walt Disney que se conserva desde el XX en estado de criogenia. Se dijo que en un momento dado se le pretendía sanarle y volverle a la vida, pero la Pixal Holo-Entreteiment puso el grito en el cielo. Asímismo ocurrió con ese tal J. F. Kennedy. La empresa Telefónica de comunicaciones interespaciales se acojonó en cuanto corrieron rumores de que lo descongelaban como a una verdura hidropónica, vete a saber por qué. Aunque claro, la Telefónica suelen ser el chivo expiatorio de cualquier conspiración, y más ahora que la empresa está en manos de los mormotalibanes. -Entonces... ¿Nuestra liberación contra el humano represor? ¿El barco a Venus? ¿La profecía de los Mecano? -solloza Luci, angustiada por las revelaciones, pero extasiada por los tocamientos expertos de Sor Fina, que ya mete tres deditos y con el pulgar masajea el clit con destreza. -Pues hija... qué quieres que te diga... Supongo que es una simple lucha de clases, como ha existido desde el principio de los tiempos. Robot proletario contra robot propietario. Simplemente eso. -¿Y la misión evangelizadora del polvo redentor? -sigue preguntando Lucilla, ya en pleno éxtasis al introducir Sor Fina sabiamente varios deditos de la otra mano en el ano. -Pues es importantísima. Los mormo-talibanes pretenden alterar el comportamiento de cuantos cyborgs infecten con un virus, y hacerlos adeptos a su causa. Les convierten en ignorantes esclavos de sus intereses, por lo que debemos propagar el conocimiento de los hololibros, aunque nuestra misión secreta es propagar cierto antídoto... un antivirus NortonXX de transmisión sexual, sí, que evita que su discos duros sean manipulados por los mormo... Y ahora, Luci, bonita, ponte mirando pa' Urano, que te voy a dar tan fuerte por el agujero negro, en cuanto me ponga el arnés, que vas a ver las estrellas supernovas sin estar en la cabina de mando. ****
Escena XIX Fray Tipi, huyendo de las novicias, ya que debe estar preparado para el examen final horizontal del día siguiente, permanece escondido dentro de una de las cajas de la bodega. No puede creerlo. ¿Todos robots? ¿Yo también? Anda ya... Sor Fina le aseguró hace unos momentos que X69 se había comunicado con ella, y le había dicho que a la pobre Sor Angustias se le iba la olla, demencia senil, seguramente, ya que pensaba que era un robot... Que X69 le seguía la corriente y que, para no alterar a la monjita majara, todos hicieran lo mismo, además de complacerla con un chorizo de vez en cuando... Claro, Sor Fina le ha mentido a Lucilla para que no altere a Sor Angustias... ¿O será que Sor Fina le ha mentido a él, para que no se altere, y es cierto que tooodos soooomos robooooots? Bip-bip-bip... Biiiiiiiiiiiiiiip... Fray Tipi necesita el consuelo, la sabiduría -y el cuerpo serrano- de Sor Frigi. Así que prepara una sesión de sado episcopaliano interestelar a la que la hermana no podrá resistirse. Si es cierta la versión de Sor Fina -se dice Fray Tipi de Cosobi, excitado- mientras más antídoto tenga Sor Frigida, más protegida estará de ese virus mormo-talibán. Y él está dispuesto a inocularle antídoto a borbotones por todos los agujeritos disponibles de la monja, incluídos los de la nariz.
ESCENA XX Vitus Lafontaine saborea uno de sus puros inclasificables, aromapestosos, con una sonrisa radiante en su cara. Sor Domi le agarra el puro y se lo lleva a la boca -no ese no, el que se fuma, malpensado- y da una pequeña calada, a la que prosigue un estallido de tos. -¿Tú fumando?-se pasma el piloto. -Y follando... que para todo hay una primera vez -le contesta Domi con una carcajada. -Lo que no entiendo es por qué...¿Por qué este cambio de actitud, preciosa? No has podido resistirte a mis encantos viriles y a mi hermosa polla de lujo, ¿verdad? Jejeje Sor Dómina mira el puro y la sonrisa de sus labios desaparece. -Mira este puro. Es como la vida. En cuanto menos te lo esperas, se consume y sólo quedan cenizas. Yo he dedicado una buena parte de mi vida a la congregación y esos años... esos años ya son cenizas. Pero no sé hacer otra cosa. Prometí ser fiel a mis votos y cumplir con mis obligaciones como madre superiora y como monja. Ahora mis superiores han cambiado profundamente los fundamentos de mi orden, pero tengo que adaptarme y desempeñar mis servicios a mi comunidad, me guste o no. El celibato y la castidad eran un sacrificio que me dispuse a acatar con empeño. Esto de la doctrina del polvo redentor viene a ser lo mismo, aunque al revés. -¿Uun sacrificiooooo? No jodas, Domi, guapa, que de sacrificio nada, que has gritado como una loca y te has corrido al menos cuatro veces. ¡Y dame el puro! ¡que te vas a atragantar otra vez! -Hombre... Si no te digo que no haya estado mal, que ha estado muy bien, genial, por eso te elegí a ti para ser el primero. Quiero estar bien preparada para el examen horizontal de mañana. En poco tiempo me ganaré las cinco estrellas, mención de honor a las superfolladoras de la nueva orden Teresiana de las Guarras de las Galaxias. -¿Te presentas al examen? ¿Vas a estar folleteando por esos mundos con todo bicho viviente o mutante que te encuentres? Si es que... en cuando te eché el primer vistazo pensé que eras un zorrón, pero no hasta este punto...¡Eres un zorrón, un pendón, un putón, y un... un... todo lo que acabe en -ón! -¡Todo, menos cabrón! ¡Que menudo cabrón estás hecho tú! ¡Por todos los santos de Veracruz del Valle de Neptuno, protectores de las almas bandoleras y perdularias! ¿Pero tú te has pensado que por haberme desvirgado me habías puesto el sello de propiedad? ¿Tú no querías que fuese un zorrón? ¡Pues soy un zorrón! ¡Pero no un zorrón en exclusiva para ti! ¿O habías pensado que sí? -Pues... Sí. -Pues es que no. -Joder, Domi. ¿Te has preguntado por qué me he quedado encerrado en mi cabina de mandos mientras las jovencitas novicias andaban a la caza y captura de polla? Pues... Pues el caso es que yo me lo estoy preguntando ahora. Vaya gilipollas he sido. ¿Mañana te presentas al examen? ¡Pues yo también! Me ofrezco como benemérito cuerpo voluntario para evaluar a cuantas novicias se presten a ello. Me las pienso tirar a todas y ante tus propios ojos. ¿Qué te parece? La ira es un pecado capital, y en este preciso momento todos y cada uno de los poros de la piel de Sor Dómina de la Vega rezuman el veneno del pecado, ese que destruye la gracia del alma y la avocan a la condenación eterna. Si Santo Tomás de Aquino está en lo cierto, y la desmembración es el castigo impuesto en el averno para el pecado de la ira, tanto la sor como el comandante se nos quedan a cachitos. Los ojos de la Domi echan más chispas que el motor de reacción de acoplamiento fotónico de la nave. Salta de la cama, y mira alrededor buscando algo. -¿Buscas esto? -Vitus le muestra el salto de cama, balanceándolo-. Muy apropiado. Color furcia. Si las miradas de la Domi mataran, como esas del Mazinger Zeta con los rayos láser, el pobre Vitus estaría fundido y humeante. Dómina de la Vega se pone el salto de cama y se dirige a la esclusa de la cámara del comandante como un búfalo -animal que además de resoplar, solía correr en embestidas. -Tú sí que eres un putón -murmura la Domi antes de salir como... como un búfalo, sí. -Y tú una cabrona -contesta Vitus, también entre dientes, resoplando como... como un búfalo también, sí. ****
LAS GUARRAS DE LAS GALAXIAS (EPISODE I)
Advertencia: Este relato contiene contenido sexual explícito, por lo tanto no es adecuada su lectura para los menores de 18 años. Nota de GatitaKarabo: Este relato ha sido escrito entre el gran autor de Todorelatos llamado Masulokunoxo (Masu, para abreviar) junto con una servidora la GatitaKarabo, uniendo ideas cada vez más alocadas para crear esta irreverente historia de monjitas galácticas y de polvos redentores. Ha sido un verdadero placer escribir con un escritor tan ocurrente y con un sentido del humor tan peculiar (cachondo) como el mío. Espero que lo disfrutéis tanto al leerlo como nosotros al escribirlo. Gracias. PRÓLOGO (La profunda voz en off, a los acordes de una épica banda sonora –con profusión de “tachán-tachán”-, relata los sucesos previos a la acción, aprovechando la interminable sucesión de títulos de crédito). En un futuro no muy lejano, en una galaxia muy, muy cercana –tanto que no hace falta salir de la que conocemos-, la orden Espacial Teresiana lidera la expansión católico-budista por el espacio exterior, ajena a las convulsiones que sacuden a la vieja Tierra. La tortilla política ha sufrido un vuelco espectacular: ahora los que pinchan y cortan el bacalao son los países del África sub-sahariana, que vigilan sus costas ante la avalancha de pateras repletas de europeos desesperados. Norteamérica está prácticamente despoblada y ha sido devuelta a las tribus indias. En Sudamérica, los mayas, quechuas y las tribus amazónicas, han tomado buena nota y preparan en secreto una jugada similar. Japón, tras la epidemia hikikomori que acabó con tres cuartas partes de la población encerrada en sus casas, se ha convertido en un parque temático sobre el modo de vida de principios del siglo XXI. Parece que China y la India van por el mismo camino. Ante tal estado de cosas, no es de extrañar que la mitad de la población terrestre sueñe con embarcar de polizón en alguno de los miles de viajes espaciales que salen a diario rumbo al espacio exterior. La Luna, el destino turístico de moda, es la primera opción. El pelotazo urbanístico que amenaza con llenarla de hoteles, urbanizaciones y campos de golf –inmensos, porque un buen drive alcanza los cinco kilómetros…cosas de la baja gravedad-, absorbe mano de obra sin parar. El cinturón de asteroides hierve de colonias mineras, con rudos mineros que acuden a los casinos de Fobos y Deimos -lunas de Marte- a gastarse sus ahorros y, de paso, procurar echarle el guante a alguna de las alegres chicas –de carne y hueso- que trabajan en ellos. Quien no conozca los anticuados modelos de androides hembra que aún se usan en las colonias mineras, que se abstenga de emitir juicios de valor sobre los pobres mineros. Más allá, en las heladas lunas de Júpiter, los más osados neo-ecologistas intentan establecer granjas de cultivos hidropónicos y repoblar los mares con especies marinas terrestres. Últimamente, se han producido sospechosas desapariciones de turistas, alimentando el rumor de prácticas caníbales por parte de los lugareños. Pero ya se sabe que donde esté un buen chuletón, que se quite una insulsa ensalada de tomates hidropónicos. Y aún más allá, en las regiones casi inexploradas del cinturón de asteroides y las lunas de Saturno, se dice que habitan los contrabandistas de libros. Resulta inimaginable, y más aún en nuestros días, tras la revolución talibano-mormónica que condenó a la hoguera esos instrumentos del maligno que son los libros, que haya individuos tan ruines como para traficar con ellos. Pero se dice que cuentan con el apoyo grupos ultra-ortodoxos de católico-budistas, entre cuyos miembros más activos se encuentran las teresianas espaciales. ESCENA I. (Convento de las Teresianas Espaciales. Cara oculta de la Luna). La madre superiora, sor Dómina de La Vega, avanza con dificultad, flotando ingrávida por los corredores del convento. El reactor de fusión que proporciona energía a todo el complejo, últimamente funciona cuando le parece, y se ha visto obligada a desconectar los sistemas de gravedad más prescindibles. Menos mal que el antiguo hábito hace tiempo que ha sido sustituido por un funcional mono azul marino con pantalones de peto, aunque manteniendo la tradicional toca para el cabello y los escudos con la cruz bordada, ribeteados en hilo dorado, en el pecho y en el hombro derecho. -Sería muy embarazoso que a las hermanas se les alzasen las faldas y mostrasen los pololos en público-, piensa, ruborizándose a causa de tales pensamientos. Las últimas noticias, llegadas en clave cifrada por el canal secreto de la orden, son alarmantes y tiene que discutirlas con sor Angustias de La Restauración, la hermana de más edad de la congregación. La pobre, además de casi tan vieja que la tos, es tan aprensiva como su nombre indica, así que tendrá que ser diplomática y callarse parte de la información. Quedan pocas hermanas –tres, para ser exacta, contándola a ella, a sor Angustias y a sor Frígida de La Flagelación- y nueve novicias que han llegado el mes pasado huyendo de los malvados talibano-mormones. ¡Cuánto echa de menos a sor Mecánica de Los Circuitos! Al menos, con ella se podía hablar de política religiosa sin miedo a que le diera un patatús, como a sor Angustias, o saliera corriendo –eso era antes, ahora sería flotando- por los pasillos si se nombraba a los hombres, como sor Frígida. Pero la dichosa explosión la puso en órbita y no hubo manera de recuperar sus restos. -Hoy es viernes, sor Angustias. Y esas migas de pan en la pechera, acompañadas de manchitas rojas…qué, ¿dándole otra vez a escondidas al bocata de chorizo? La cara de la pobre vieja es todo un poema, mientras intenta tragar un bocado demasiado grande y esconde con el pie el resto del bocadillo debajo de la cama. Pero es que el último paquete que le mandaron los sobrinos del pueblo, con una variada muestra de la industria chacinera local, está que quita el hipo y es una tentación…aunque sea en viernes. Además, ¿qué modales son esos de entrar en su celda sin llamar antes?, piensa la vieja, acordándose de pronto de un cachivache a pilas, que le envió en el mismo paquete una de sus ahijadas. No está muy segura de para qué sirve, pero después de ponerlo en marcha –acertando a girar, tras varios intentos, el mando que tiene en su base-, casi está por asegurar que su ahijada es un pendón verbenero con un perverso sentido del humor. Como se le ocurra fisgonear entre sus cosas, la madre superiora se va a llevar un susto de muerte. -No he venido para recriminarle sus pecadillos de gula, hermana- se disculpa sor Dómina, dejándose caer en el camastro, agotada después de bracear por los corredores del convento, agradeciendo que la celda de sor Angustias sea una de las pocas que aún dispone de gravedad. –Tenemos una crisis entre manos y me gustaría contar con sus maternales consejos antes de tomar una determinación, sor Angustias. Mientras la madre superiora la pone al corriente de las desgracias que les acechan, sor Angustias da un respingo –acaba de acordarse que escondió el aparato a pilas debajo de la colcha de la cama-. “Como a esta pedorra se le ocurra alisar con la mano alguna arruga de la colcha, la liamos buena. Mañana, sin falta, entierro el cachivache del demonio…o mejor, se lo dejo, como al descuido, a una de las novicias”- piensa, acordándose de los plátanos que sisaba de la despensa en sus años mozos. De haber prestado mayor atención al discurso de la superiora, se habría escandalizado al enterarse de que la Papisa de Roma se había liado en pecaminosa coyunda con el Dalai Lama; alarmado con la noticia de que habían vendido todas las propiedades de la orden en la Luna –aprovechando el desorbitante incremento de precios que la burbuja inmobiliaria había propiciado- y estremecido con la inminente llegada de un grupo de talibano-mormones quemalibros. Pero ella seguía dándole vueltas al bolo de pan con chorizo, y en un sinvivir por culpa del chisme a pilas. -Veo que estas noticias le han afectado mucho, hermana. Pero hemos de evitar que nos venza el pánico y pensar en una solución. ¿Negociamos con esos bestias o recogemos nuestras pertenencias y salimos pitando antes de que lleguen?...¿Hermana, me está escuchando? -Sí, reverenda madre, claro que la escucho. Pero, ¿quién me dice que está a punto de llegar?- contesta sor Angustias, poniendo a prueba la escasa paciencia de su interlocutora. -Los talibanes, hermana, los barbudos talibanes quemalibros, junto con los mormones pichabravas. ¿Se entera ahora o se lo dibujo?- estalla por fin sor Dómina, con un brillo asesino en los ojos. Lo que sigue a continuación es una escena de histeria, protagonizada por sor Angustias en el papel estelar, con invocaciones a todos los santos y una siniestra predicción de saqueos y violaciones múltiples. Mientras la vieja chilla y se retuerce las manos, describiendo a voces y con profusión de detalles una violación vaginal, anal y bucal, con cinco mormones a la vez, sor Dómina consulta su agenda electrónica –sección vuelos de bajo coste-. ESCENA II. (Hangar de carga del convento, con una cochambrosa nave de transporte en segundo plano). La reverenda madre superiora, sor Dómina de La Vega, flanqueada por sor Angustias de La Restauración y sor Frígida de La Flagelación, no le quita la vista de encima a la nave que tanto trabajo le ha costado localizar. La verdad es que hay transportes con mejor aspecto en la chatarrería lunar. Con estrépito de muelles rotos y sospechosos crujidos metálicos, la Delicio… -sor Dómina tendría que ser adivina para leer el resto-, termina la maniobra de atraque y despliega automáticamente la rampa de entrada. La aparición de un tipo alto, musculoso, con barba de quince días y modales francamente mejorables –pase que se rasque la barba, pero con el movimiento de la otra mano dentro del bolsillo del pantalón, parece que también se rasca otra parte de su anatomía-, provoca un revuelo de agitación y comentarios sofocados de las novicias. -¿Habéis visto? ¡Un hombre! ¿Serán así todos?- y alguna observación más del mismo tipo, acompañadas de risitas nerviosas. -¡Silencio y compostura, novicias! La vista fija en la punta de los zapatos y ni no quiero oír ni el movimiento de vuestras pestañas, ¿entendido?- Alguna novicia vocaliza un “¡Dómina, sí, Domina!”, pero inaudible. -A ver…doce pasajeras con exceso de equipaje –cuatro toneladas, así a ojo-, más el coste de la última subida del combustible, sin olvidar el plus de peligrosidad por estar temporada de lluvia de meteoritos…doscientos treinta millones de chapa-créditos, IVA incluido…más la voluntad, señora- le espeta, a modo de saludo, el barbudo piloto. -Dejemos las cosas claras desde un principio, joven. Se dirigirá a mí como reverenda madre y, para usted y su tripulación, las dos hermanas aquí presentes y las novicias de allá atrás, como si no existieran. De precios abusivos ya hablaremos más tarde. Vayan cargando el equipaje y muéstrenos nuestras celdas. Como se rompa algo, se lo descontaré…de los ciento quince millones de chapa-créditos. Por cierto, quiero ver los papeles de ésta bañera y su acreditación como piloto espacial. -Vitus Lafontaine, a sus órdenes, sargento…señora. Bienvenidas a mi humilde bañera, la Delicious (.) G –D.G, para abreviar- y no se preocupe por la tripulación. Los cuatro androides mecánicos sólo responden a mis órdenes y tienen la bragueta soldada al pantalón metálico.
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ESCENA III (Bodega de carga del sótano de la nave Delicious (.) G., horas antes del despegue. Vitus L, Sor Angustias y Sor Frígida discuten acaloradamente, mientras la reverenda madre oficia la hora de meditación y oración con las novicias). -¡Esto es indignante, señor Lafontaine! -ruge Sor Angustias-. ¡Sin celdas individuales, todas apiñadas en el mismo compartimento estrecho, durmiendo en sacos acolchados, una única cápsula urinaria para doce! ¡Y mientras usted, pollo, disfruta de un departamento para usted solo! -Llámeme comandante Lafontaine, Sor Agonías, si no le importa. Y bueeeeno, si les parece más adecuado, le ofrezco a usted o a la reverenda mi pequeño departamento en la cabina de vuelo, y yo comparto entonces cama y oración con las novicias -le guiña el ojo con sonrisa socarrona. -No, no, por todos los Santos Apóstoles, las Vírgenes Mártires, los sagrados Sutras y el Kharma Universal, don Comandante... -se atreve a decir Sor Frígida con las mejillas encendidas; se inclina hacia la otra monja y continua hablando con un hilito de voz -. Las novicias a mi cuidado ya están bastante asustadas Para la mayoría es la primera vez que han visto a un hombre, mírele hermana, una bestia inmunda y salvaje, dominada por sus instintos más primarios. Las pobres temen ser violadas y desfloradas, abusadas y denigradas, gozadas y mancilladas, forzadas y... Bueno, que le tienen miedo. -Ganas, hermana, yo diría que más que tenerle miedo, lo que le tienen son ganas -interrumpe susurrandole Sor Angustias-. Sí, sí... Que se lo digo yo... Miedo me daba a mí lo que podría sucederle a este pobre mozo si algún día se quedara encerrado con esas novicias, que la que más y la que menos le echa al pollo éste unas miradas lujuriosas de salidorra que no le quiero ni contar. -¿Ya han terminado de rezar? -prosigue ahora Vitus, levantando una ceja-. Pues ahora me toca a mí. Díganme qué quiere decir esto. Acércate, X69. Y el androide X69 aparece de detrás de una de las voluminosas cajas del equipaje y se aproxima, luciendo el aparato a pilas de Sor Angustias pegado con loctite a la entrepierna. -Y no me digan ahora que se trata de una nueva misión evangelizadora, como la de esos majaras de la nueva iglesia de los Mecanos, esos locos que construyen la nueva arca de Noé, su barco a Venus, y que piensan que los androides tienen sentimientos y un alma que salvar... No, no, que eso no cuela, sores. -Ni siquiera hemos despegado y cosas muy extrañas acontecen en esta nave. Misterios... hijos míos -mira hacia el techo de la nave Sor Angustias-, misterios... -Gozosos, hermana, misterios gozosos... -Sor Frígida no puede apartar la mirada del miembro reluciente del sonriente androide-. Creo que lo mejor sería informar a nuestra ilustrísima Papisa o a Don Dalai Lama que estas cosas. Hay que tratar de conectar las terminales del sistema de comunicaciones antes del despegue y enviar una misiva. ¿Don Dalai? Me suena raro... ¿Se pone Dalai con don? -No, nooooo, queee vaaaaa ... -niega el comandante, rascándose ahora la entrepierna-. No se pone, noooo... No hace falta que se ponga goma para folletear con la papisa, si todos los orientales quedaron impotentes cuando lo de la plaga del Kiki... Ups. Disculpen, sores, que me voy por los cerros de Marte. -Bueno, voy a ver si consigo despegarle el cachivache al androide antes de que se me revolucionen más las novicias -la monja más joven sale por la rampa de la bodega de carga hacia el pasillo de proa. -Si está ayunando, sor Frigi, recuerde que la saliva en ayunas tiene un ph muy ácido. ¡Unos cuantos lametones al pollón y asunto solucionado, preciosa!-grita Lafontaine. La monja abochornada acelera su paso, rumiando por lo bajito eso de que la mortificación del cuerpo purifica el alma; Y su alma se alboroza ante la perspectiva de una buena sesión depuradora de cilicio y flagelo a ritmo de cánticos y mantras. -Y ahora... Por fin solos. Ahhhh... Sor Angustias... - el hombre se inclina hacia la regordeta monja y sus manos empiezan a recorrer su cuerpo sobre el hábito-. Se me hace la boca agua... Llevo mucho tiempo sin catarlo, tantos viajes interestelares. Mmmmm... Desde donde estoy puedo olerlo. No, no huele a rancio. Seguro que ha sabido mantenerlo bien fresco. Algo seco, tal vez, pero todo un gozo para los paladares más exigentes. Podemos hacerlo de dos maneras. A la fuerza será peor para usted. Así que colabore y nadie sabrá nunca nada... -Es usted el peor de los depravados, el hombre más sucio e inmoral. Qué mirada de vicio. No le da vergüenza abusar así de una pobre anciana, una pobre monjita inocente, no respeta nada, señor mío. Irá derechito al infierno -espeta la sor. -Déjese de monsergas, abuela. Saque usted el chorizo, y no diré una palabra a la reverenda madre de lo de su otro chorizo, el de pilas, que ahora luce uno de los componentes de mi tripulación. -Es usted el demonio -fastidiada abre una de las cremalleras del mono/hábito y extrae el embutido-. Pero debe usted saber que aunque el otro chorizo era mío, yo no lo pegué donde está ahora. Desapareció de mi celda mucho antes de embarcar. Vitus ya ni la oye, ocupado como está en dar dentelladas a la pieza suculenta, deleitándose en cada bocado exquisito. ESCENAIV (Cabina de control de la D.G. Allí vemos a Vitus Lafontaine, repantigado en su sillón de Comandante, con la piernas sobre el panel de control, fumando un soberano puro apestoso). -Cuaderno de Bitácora. Marzo, 31, año lunar 2.877. En breve procederemos al despegue rumbo cuadrante sud-sudeste. Anillos de Saturno. Carga excesiva, mas de cuatro mil kilos de material de contrabando. No es necesario ser un lince para adivinar que son libros, Pongo en riesgo mi licencia si nos parara una inspección de los agentes de aduanas de los talibo-mormones de los cojones, pero es una buena tapadera para mi verdadera misión. Lo malo será ver cómo les cuento a Sor Limón, a Sor Tiesa y a la reverenda madre, la madre que la parió, Sor Dominatrix, que tenemos que hacer una parada en Deimos para recoger a dos pasajeros más, que... -¿Recoger a quienes? ¿Qué ha dicho? -pregunta desde la esclusa la reverenda madre, que sigue con la costumbre de entrar sin llamar- ¿En Deimos? ¿Deiiimoooooos? Oooooh... ¿¿No serán dos de esos pecadores mineros paganos que se juegan sus créditos en los casinos?? -No, reverendísima madre superiora. Le aseguro que estos no son nada paganos. De hecho no suelen pagar casi nunca, por eso cobro por adelantado; pero así mismo también le aseguro que son muy creyentes. Vamos, que son unos verdaderos hijos de Buda. ESCENA V. (Primera noche a bordo. El dormitorio de las monjitas bulle de murmullos y manos revoltosas bajo las sábanas). -¡Silencio, hermanas! No quiero oír ni un cuchicheo más. Sor Dómina está inquieta -como todas las demás, aunque por distintos motivos- y trata de que su congregación se adapte las nuevas circunstancias manteniendo las reglas y el orden. Pero las novicias están muy alborotadas desde que le echaron la vista encima al comandante…y el descubrimiento del inodoro de succión no contribuye a mantenerlas más tranquilas. -Shhh…Amelia…¿Ya has probado la taza? -Ya te digo. Cuando empezó a succionarme el coñito casi me da algo. ¿Será pecado?- responde Amelia con un hilo de voz, mientras intenta repetir infructuosamente la sensación con sus dedos. -Espero que no…porque yo le he dado a la cadena una docena de veces. Se me ha puesto el botoncito como un garbanzo. Y cuanto más lo rasco, más me pica. -¡¡¡SILENCIO!!! La que pille con la boca abierta se pasa la noche en el pasillo, de rodillas y rezando el mantra-rosario, ¿entendido?- Sor Dómina está que muerde, pero tampoco olvida el susto que se llevó cuando tiró de la cadena y se le pusieron los ojos en blanco. Desgraciadamente, esa noche nadie pegó ojo en el dormitorio de la bodega de carga. Ya se sabe que los nervios del viaje aflojan la vejiga…menos mal que el sistema de succión es prácticamente silencioso. ESCENA VI. (Segunda entrevista de sor Dómina en la cabina del comandante, tres días después del despegue, mientras Vitus saborea un delicioso seudohabano, de equilibrada y aromática ligada, suave sabor y delicados y elegantes matices, conseguidos gracias a la tercera fermentación de las hojas de tabaco de los cultivos hidropónicos del Mar de la Tranquilidad). -Comandante, esto no puede seguir así. Cada vez que una de mis novicias entra en el baño, sale con las mejillas encendidas y casi levitando. Exijo que uno de sus androides arregle el baño de nuestro dormitorio y elimine esa…esa cosa que tanto perturba a mi congregación. -Tranqui, sor, no se alborote. Lo que necesita su congregación, urgentemente, es quitarse de encima tanto prejuicio. Pero bueno, ya que insiste, yo mismo me ocuparé de reducir al mínimo la presión de succión- contesta Vitus, lanzándole con disimulo a sor Dómina una bocanada de humo –delicadamente aromático-, aunque la monja no aprecia estas sutilezas y tose indignada. -¿No sería mejor eliminarlo del todo?- Por intentarlo que no quede, piensa sor Dómina, que aún lucha contra la tentación cada vez que entra en el baño, -Ni lo sueñe, sor. Imagine por un momento que falla el sistema de gravedad artificial de la nave. No me gustaría tener que andar persiguiendo por la nave los cagallones de sus hermanas…por muy santificadas que sean sus deposiciones- No, la verdad es que sor Dómina es incapaz de imaginarse tal cosa. -Otro asunto que me preocupa, capitán, es...ejem, ¿cómo decirlo?... -No me diga que mi arrolladora personalidad, educados modales, preclara inteligencia y apolínea figura han hecho ya efecto, querida. No se preocupe, seré discreto y esto quedará entre nosotros dos. Además, tenemos varios meses por delante; así que ésta es una relación que promete- le corta Vitus, lanzándose de cabeza a la piscina. Pero el discursito –siempre el mismo- suele encontrar pasajeras receptivas…las pocas veces que tiene la fortuna de encontrar pasajeras entre sesenta y dieciséis años. -Es usted un cerdo aún peor de lo que me imaginaba…- estalla sor Dómina, pillada por sorpresa y poco acostumbrada a oír proposiciones. Aunque no sabe muy bien si indignarse o reírse. - Cabo. Empezó por comandante, siguió con capitán; así que ahora, con el cabreo que se le adivina, me degrada a cabo, por lo menos. Venga, sor, era una broma. Porque no me irá a decir que es la primera vez que le tiran los tejos. -Lo iba a decirle, antes de su bromita, es que me confirme un rumor que corre entre mis novicias…relativo a una misteriosa pasajera. Algunas me han confesado que escucharon gritos. Gritos de mujer. Gritos de mujer y no precisamente enfadada, sino todo lo contrario. No sé si me explico…señor Lafontaine. -¡No me joda que sus chicas me espían detrás las puertas! La próxima vez la dejo abierta- estalla Vitus en una sonora carcajada, que tiene la virtud de enrojecer hasta la raíz del pelo la cara de sor Dómina. A pan y agua y docenas de mantras-rosarios, va a poner a esas mocosas. Por los santos huesos de santa Benedicta de Cabo Cañaveral, se promete a sí misma la madre superiora, mientras tiene que escuchar el pitorreo del piloto. -Tengo que presentarles formalmente a Lucilla, mi androide hembra de compañía. Una maravilla, sor, una auténtica maravilla. Doy por bien empleados los quinientos mil chapa-créditos que me costó. Material plástico de símilpiel de primera calidad, suave por fuera y acogedor y calentito por dentro. Un coñito que alucinas, una boquita que lo flipas y…¿sigo? -¡¡¡NO!!! Cállese ya, pervertido
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Escena VII La nave Delicious (.) G se desliza a velocidades vertiginosas por el inmenso y silencioso espacio exterior. En su interior el espacio es mucho menos inmenso bastante menos silencioso. Necesitando un poco de intimidad, la madre superiora se ha refugiado en la bodega de carga. -Detesto a ese hombre. A él y a sus puros apestosos, ¿aromáticos? Bueno, lo serán para él, para mí son apestosos. Es un hombre horrible, con menos modales que un mutante de la base experimental alfa, es un energúmeno... Y esa zorrona de androide, esa Lucilla, con esas pintas de... de... de zorra. Vaya ropa de... de... de... zorra que se gasta... Pero bueno, no hay más remedio. El hábito no hace a la monja. Contempla el reflejo de su cuerpo en una de las planchas metálicas del panel del motor. La toca, el velo, el cordón, los escapularios, el mono azul... Todo doblado sobre una de las cajas. A pesar de haber sobrepasado los cuarenta y no haber tomado nunca las milagrosas cápsulas rejuvenecedoras, su cuerpo desnudo luce espectacular. Tanga de encaje de color negro, las medias de seda se deslizan suaves por sus piernas hasta llegar a los clips del liguero. El corsé modela su cintura y encumbra sus pechos bajo el llamativo y descocado vestido rojo, zapatos de tacón de aguja. Echa hacia atrás el cabello corto y rizado, moldeándolo con los dedos. El carmín, la máscara de pestañas, el maquillaje y la sombra de ojos hacen el resto. Y mientras se maquilla sigue murmurando improperios furiosos contra La Fontaine. -¿Se puede, Dómina? -antes de esperar permiso, el comandante ya ha abierto la escotilla y ha bajado por la escalerilla-. No comprendo esa fijación con querer acompañarme a Deimos a recoger a nuestros dos pasajeros. ¿A qué viene eso de querer dar su visto bueno? Sí, ustedes pagaron el viaje, pero la nave es mía. Además, ya le dije que era imposible. Una monja llamaría en Deimos más atención que un chuletón de cerdo ibérico en una granja de cultivos hidropó... poooooó... Apoyado en la barandilla de la escalerilla, con un pie en el último escálón, a Vitus la po de pónicos se le congela en la boca formando una perfecta O; el puro que sostenía entre los dientes se le cae desmayado sobre el paquete, ese paquete donde el otro puro más carnal se levanta gozoso de un solo brinco. -¿Qué? -se vuelve Sor Dómina de la Vega furiosa. -¡Que está usted para mojar pan! Vaya un desperdicio de cuerpo serrano. de tía buenorra. Y todo carne natural y genuina no prefabricada con el sello de la marca Acme. En Deimos se forra, se lo digo yo. A dos o tres clientes por día, cinco mil chapa-créditos el polvo, tres mil la mamada, y en cuestión de meses tiene para montarse un chalet de lujo en cualquier punto privilegiado de la galaxia. Se lo digo yo, que entiendo de putife... de negocios. -Oh, cállese, por dios, es usted un degenerado y un... se va a quemar. -Sí, me quemaré en las llamas del infierno por mis pecados y bla bla bla... bla bla bla... -No, no! ¡Que se ha prendido fuego! ¡Que se está quemando! -sacude con fuerza el paquete del mono del comandante, donde ha prendido el puro, sofocando la pequeña llama. -¡Me cagüen la puta! ¡Pare ya, pare! ¡PAREEEE! -grita Vitus sujetando la mano de la sor. -Estaba usted ardiendo... y lo he apagado -a la reverenda madre se le encienden las mejillas cuando se percata que Vitus sigue reteniendo su mano sobre el duro paquete. -No lo sabe usted bien, Dómina. Estoy ardiendo, pero de apagarme nada... que sigo bien caliente... -Oh, es usted un vicioso y un.. un... un... -Un hombre, sor, soy un hombre... Eso es lo que soy. ¿Te puedo llamar Domi? -y le guiña un ojo mientras la monja le aparta de un empujón y sube la escalerilla intentando no caerse con esos taconazos-. Los ojos del comandante se recrean en el contoneo de su culo embutido en ese corto vestidito de seda y en esos hermosos jamones pata negra. Escena VIII Hangar de la base de aterrizaje espacial de Deimos, la D.G reposa su viejo chasis y sus motores son revisados por los andorides. Escena interior de la nave, en el compartimento de las novicias. -¿Y tú puedes sentirlo? -pregunta Amelia con los ojillos brillantes. -Forma parte de mi programación -responde Lucilla sonriendo al grupo de novicias curiosas-. Estoy programada para ello, para dar placer a aquel que lo demande. Soy una unidad modular procesadora de datos de última generación, con un nuevo programa instalado que me capacita para tener aspecto humano con servocontroladores de realimentación conectados a mi unidad central. Mis múltiples sensores y mis redes neuronales recrean la estructura de un cerebro humano mediante algoritmos genéticos. Lo símbolos lógicos se expresan ahora por unidades químicas de ADN artificial que... -Pareces de verdad -interrumpe una de las novicias con el dedito tanteando parte de tetaza que se asoma en el pronunciado escote. -Tocadlas, tocadlas...-Lucilla sonríe más y baja la cremallera del mono, dejando al descubierto sus hermosos pechos, marca patentada Acme. Las novicias gritan y arman bulla alborozadas tocando y sobando las tetas, con el falso azoramiento y con la perversa inocencia de las jovencitas reprimidas a las que les apasiona lo prohibido. -¿Sientes esto? -Amelia va un poco más allá y sus labios rozan y chupetean el pezón de Lucilla. -Mmmmm... Claro que puedo sentirlo. Siento el deseo sexual. Detecto hasta el olor de los flujos que empapan vuestra ropa interior a través de los potentes sensores nanobóticos de mi pituitaria. Sé que me deseas. Nunca he servido a una hembra en esta nave, pero estoy programada para ello también. Te aseguro que todos mis usuarios han quedado ampliamente satisfechos tras la ejecución de cualquiera de mis servicios. ¿Un cunnilingüis? -Pa' ponerme a rezar en latín estoy yo ahora... -murmura sofocada Amelia sobando con afán los pechos de la androide. -No, nena... Que te está ofreciendo en fino comerte el chichi -le susurra Rosalinda al oído. -Ups. Válgame. Eso está mal. O sea, no podemos hacer eso. Es pecado -se lamenta Amelia, aunque los ojillos le brillan por la excitación. -No comprendo el concepto de pecado en lo que se refiere al sexo -replica Lucilla despasando los cierres magnéticos de su mono hasta abajo, exhibiendo su espléndida desnudez -. Dar y recibir placer debería ser considerado una virtud y no un vicio. Y las nueve novicias atienden aplicadas y con los sentidos a flor de piel, ávidas de conocimientos nuevos, los principios básicos donde se fundamenta el código sexual programado de comportamiendo de la androide Lucilla. El cuerpo escultural de la bella androide, sus manos revoltosas, su lengua incansable , sus juguetitos sexuales y su predisposición e interés en satisfacer todas las demandas a las nuevas usuarias, facilita que su doctrina sobre la liberación sexual empiece a calar entre las jóvenes aspirantes a siervas religiosas de la orden Espacial Teresiana y se presten a practicar con devoción las nuevas enseñanzas. Y a todo esto... ¿Dónde están Sor Frígida de la Flagelación y Sor Angustias de la Restauración? ¿Por qué han dejado sin vigilancia a las novicias? ¿Y por qué el androide X69 ha desaparecido también misteriosamente? ESCENA IX. (Vitus y Domi –con esas pintas de putón verbenero no procede llamarla sor- realizan el trayecto entre la estación espacial y el centro lúdico de Deimos en aero-taxi. Ella está impresionada con el espectáculo de luces que se extiende hasta el horizonte. El, cabreado. ¿Desde cuándo ya no se puede fumar en los aero-taxis?)
-¡Dios bendito! Yo pensaba que en Deimos sólo habría unos cuántos casinos, pero esto es impresionante. Está abarrotado. Sodoma y Gomorra juntas. -Lo que tú digas, Domi, pero no me suena el nombre de ninguna de esas dos fulanas- contesta Vitus, más pendiente del espectáculo que ofrecen a sus ojos el par de muslazos que tiene al lado que de las vistas de Deimos. Le está costando un gran esfuerzo mantener las manos quietas. La madre superiora, poco habituada a lucir tan escuetos modelitos, comprueba con horror que el vestido, al sentarse, le ha jugado una mala pasada. Forcejea con él en un vano intento de hacerlo volver a su sitio, mientras intenta desviar la atención de su acompañante dándole charla. La mirada que le devuelve Vitus es de mudo reproche. -¿Ya sabemos quiénes son los dos misteriosos viajeros? ¿Adónde se dirigen? ¿Cómo contactaremos con ellos en Deimos? ¿Está seguro que son de fiar? -Tranqui, sor. No me vengas ahora con paranoias. Lo único que de verdad me importa es que paguen por adelantado. Sus negocios no son de mi incumbencia y el equipaje de mis pasajeros goza de la misma confidencialidad que una cuenta de chapa-créditos en Suiza. Ahora, que cuatro toneladas es pasarse un pelo, ¿no crees? -Tengo que velar por la seguridad de mis novicias, señor La Fontaine. Bastante trabajo tengo ya con vigilarle a usted, como para ocuparme ahora de dos nuevos peligros. Además, no me fío de tanto misterio. -Mira, Domi, si me sigues tratando de usted vamos a perder las amistades. En cuanto a tus chicas…¿apostamos algo? Y, por favor, deja ya de darle tirones al vestido, que lo vas a romper. A ver, primero levanta el culo y… ¡No, coño, así no! Espera, que te echo una mano…Vale, vale, fiera- y es que anduvo rápido de reflejos para esquivar el bofetón. La cita con los dos pasajeros era en Las Puertas del Infierno –casino, hotel y puticlub, todo en uno-, para consternación de Sor Dómina, que se hartó de repartir patadas y de recibir palmadas en el culo, recibidas –las patadas- y propinadas –las palmadas en el culo- por unos mineros tan cachondos que no distinguían entre una puta con clase y una monja disfrazada. Y para terminar de empeorar las cosas, Vitus se tropieza con una vieja amiga. -¡Vitus, bribón, qué alegría verte de nuevo por aquí!- los ojos de la madre superiora casi se le salen de las órbitas cuando aquella mujer…una muy mala mujer, se colgó del cuello de Vitus y lo saludó metiéndole la lengua en la boca. ¡Qué asco! -Yo también me alegro de verte, Brenda. Pero hoy no toca. Estoy…estamos aquí por negocios- consigue a duras penas balbucear Vitus, después del enjuague bucal. -Ya veo la clase de negocios que te traes entre manos- responde Brenda, echándole a la sor una mirada que la deja de piedra. -Domi, una pasajera –recalcando cada sílaba-, te presento a Brenda, relaciones públicas del establecimiento -Brenda levanta una ceja, sorprendida por el ascenso de categoría-. -Los clientes que hemos venido a ver sólo me han dado un número de habitación. ¿Podrías anunciarles que les estamos esperando? Mientras tanto, para mí una copita de espumoso, Ribera del Cráter Lunar Sector 5, y para Domi…¿leche? -De vaca, sin hormonas crecre-tetas, si es usted tan amable- y aprovechando que Brenda se larga a cumplir los encargos, sin entender una mierda de los jueguecitos que se traen estos dos -¿Leche?...y sin hormonas…¡La hostia!-, la madre superiora se lanza a la yugular de Vitus. -Jamás de los jamases me habían mirado así, como se mira a un solomillo en un estante del supermercado. Y esta clientela. ¡Por dios!, tengo las nalgas moradas de tanto sobeteo. ¿Y el señorito frecuenta estos garitos? ¡Valiente degenerado! -No te quejes, que éste es un local de categoría. Por aquí sólo vengo cuando la cuenta corriente no está en números rojos; es decir, no muy a menudo. Y a Brenda la has dejado impresionada, te lo digo yo. No me extrañaría que tu tarifa haya subido hasta los quince mil chapa-créditos el polvo. Justo la cifra que ofreció el primer minero que se acercó a la barra, antes de ser educadamente despedido con un: “Cáscatela por ahí, chaval. La señorita no trabaja hoy”. -Podéis subir. Dicen que están terminando sus oraciones. Oye, nada de trapicheos con sustancias ilegales en mi establecimiento, ¿entendido?- les informa Brenda poco después, tras atravesar, no sin dificultades, un muro de mineros que miran embobados un culo de anuncio de aerodeslizador iónico de importación. -¡Manda huevos! ¿Ahora llamáis “oraciones” a la “mercancía”? -¡No me lo puedo creer! ¡Ja ja ja…dos meapilas! ¡Me parto, es que me parto! Y tú temiendo por las novicias. ¡Ja ja ja!- El trayecto hasta el ascensor es una tortura para las costillas de Vitus, que a duras penas consigue mantenerse erguido, antes de que otro ataque de risa lo doble por la mitad. –De ésta aprendo el mantra-rosario. ¡Ja ja ja!- Pero la risa se le corta en seco cuando traspasan la puerta –abierta- de la habitación. Tumbados en la cama, una pelirroja de las que sólo se ven en los hologramas del Play-Star, todo piernas –increíblemente largas, hasta que tropiezan con un culo que le da cien vueltas al de la sor-, melena lisa y larga -también hasta ése prodigio de culo- y culo –prodigioso…¿o no lo había dicho ya?-, entierra la cara entre las piernas de un afortunado mortal, y éste –los hay que nacen con estrella y otros estrellados- le devuelve el favor, con la suya pegada como una sanguijuela al chochito de la ninfa…mientras se le quedan los nudillos blancos de apretar sus manazas contra el único culo perfecto que existe en el universo. Es la primera escena de sexo explícito en vivo que ha visto Domi en su vida –los holoculebrones que veía de jovencita no pasaban de castos achuchones y besos sin lengua- y algo se le revuelve por dentro. Quiere apartar la mirada, pero no puede, es algo superior a sus fuerzas. Ni siquiera se le ocurre protestar cuando Vitus la sujeta por la cintura. Y si él quisiera bajar un poco más la mano, y acariciarle ahí donde aún le escuecen las palmadas de los mineros, hasta se lo agradecería. Los pezones, ¡Dios, le duelen a rabiar! La sensación del tanga húmedo, clavándosele por delante, no le es del todo desconocida…pero hace ya tantos años, que es como si lo fuera. El embrujo del momento dura hasta que la cara de la pelirroja se mueve con ritmo frenético, sobre una polla que tapa su melena…y el tipo gruñe como si lo estuvieran estrangulando. Un instante después, con la pelirroja relamiéndose los dedos y el fulano sacudiéndose la polla morcillona, plantados delante de ellos, llega la segunda sorpresa. -El señor Vitus Lafontaine, supongo. Sor Fina de Karabo y fray Tipi de Cosobi, comisionados por el Concilio Ecuménico Católico-Budista para propagar la doctrina del Polvo Redentor- saluda muy efusivamente fray Tipi, alargando una mano que momentos antes profanaba un culo sagrado –piensa Vitus-, y después se la pasaba por la polla –piensa sor Dómina-…así que se la estreche su madre –piensan los dos-. -Justo acabábamos de comenzar nuestras oraciones de la tarde, cuando nos avisaron que habían llegado. Habríamos estado encantados de rezar juntos, ¿verdad, Tipi? ESCENA X. (La sala de control de motores tubo-iónicos de fusión –un rinconcito muy discreto, que sólo frecuentan los androides fuera de servicio-, es testigo de una tóorida escena entre sor Frígida de la Flagelación y el androide X69).
-¡Estate quieto un momento, jolines! ¿No ves que así no hay manera? (Clonc, clonc, clonc…rítmico ruido de muelles. Pero que levante el dedo el que haya oído alguna vez el ruido de un motor turbo-iónico de fusión. ¿Nadie? Pues a callar). -Así está mucho mejor, pichoncito mío. ¡Jesús! Hay que ver lo grande y gorda que se te ha puesto. Aguanta un poco más…así…ya…ya casi está. Ya. ¡Huy, que se me escapa una gotita! A Sor Angustias de La Restauración siempre le pareció demasiado santurrona la hermana Frígida. Si hasta se pone colorada cada vez que hay plátanos de postre…y cuando ve un pepinillo en la ensalada, le entran unos sofocos que no son normales; así que lleva unos días muy preocupada con los tejemanejes que se trae “la Frigi” con el androide X69 y no le quita la vista de encima. Aquí se cuece algo gordo, piensa, y será mejor seguir con la oreja pegada a la puerta, hasta salir de dudas. -Bueno, esto ya está. Te ha quedado bien limpita, como los chorros del oro, diría yo. Ahora sé buen chico, abre la boca y saca la lengua, que te voy a enseñar a usarla como es debido. Pero bueno…no seas tan impaciente y espera a que antes me ponga cómoda. ¡Jesús, qué bríos, chico! “¡Hasta ahí hemos llegado, y de aquí no pasamos, so zorrona!”, piensa sor Angustias, temiendo que a la Frigi se le haya aflojado un tornillo con las vibraciones de la nave y haya caído víctima de la herejía de los mecanos, seducida por una tostadora con patas. -¡Recuerde sus votos, hermana! –chilla sor Angustias, al tiempo que abre de golpe la puerta de la sala de control, temiendo encontrarse a sor Frígida abierta de patas y con la cabeza de ese chisme mecánico entre ellas. Pero no, sor Frígida está totalmente vestida –incluso con la toca recién planchada, impoluta, cubriéndole la cabeza…no como ella, que la lleva llena de lamparones de grasa de chorizo-, sentada frente a X69. El androide trata de imitar la vocalización de la monja, poniendo gran empeño en repetir los sonidos que oye. ¡Parece que está intentando enseñarle a hablar! -¿Entonces?...¿Pero qué está haciendo, sor Frígida? -Está clarísimo, sor Angustias, ¿o no? En primer lugar, le he quitado el…eso que tenía pegado entre las piernas. Bastante trabajo me ha costado. No vea la de golpes que le he tenido que dar con la llave inglesa, pobrecito mío. Después le he lavado y pulido la chapa, para que no se noten ni los restos de pegamento ni los abollones. Y ahora estamos con la lección de lenguaje. Vamos progresando, ¿verdad 69? -¿Y lo de grande y gorda? –se le escapa a sor Angustias, delatándose. -A engua. Mi…mire- contesta X69, enseñando un colgajo de similpiel, implantado recientemente. Mucho más larga, sonrosadita y…¡Uf, la de recuerdos que le vienen de golpe a la memoria a sor Angustias! Por si acaso, no pierde el tiempo y se guarda con disimulo el vibrador a pilas. (Grandes enigmas quedan aún por resolver: ¿Serán capaces nuestras monjitas de asimilar la nueva doctrina del polvo redentor? El tanga mojado de sor Dómina, ¿tendrá algo que ver con Vitus? ¿Qué oscuro pasado se adivina en los actos de sor Angustias?...y la nueva pasajera, sor Fina de Karabo, ¿qué relación tiene con la autora G. Karabo, insigne representante del panteón de clásicos del s. XXI? Todos estos misterios serán desvelados, o no, en los próximos capítulos. Permanezcan atentos a sus receptores).
ESCENA XI -La castidad es algo ridículo y antinatural. Nuestra Santidad la Papisa y Nuestro reverenciado Lama proclaman la propagación de las nuevas doctrinas redentoras en las que se basa el nuevo Concilio. ¿Pecado el sexo? ¡Al contrario! ¡Es la redención del pecador! Estas órdenes arcaicas basadas en esos antiguos votos están obsoletas, Dómina, y pronto no quedará ninguna a no ser que se adhieran a los nuevos dogmas de fe -continúa asegurando Sor Fina en el compartimento principal de la nave a una madre superiora pálida y unas novicias expectantes. -Nuestra orden siempre se ha mantenido fiel a salvaguardar las enseñanzas de los holo-libros y del saber universal contra la filosofía de los MormoTalibanes represores de la cultura, Sor Fina, pero siempre con el fiel cumplimiento de los votos de pobreza, obediencia y castidad. ¡Castidad! ¡La pureza del alma y del cuerpo! -Evidentemente sabemos de su cometido y de su cargamento voluminoso de microchips con todas las obras escritas conocidas, así como todas las antiguas ediciones en papel que permanecen ocultas en la bodega de carga. Un lujo para coleccionistas, una labor loable... ¿Pero de qué sirven esos conocimientos si no se expanden? Los mormo-talibanes desean mantener a la población en la ignorancia y que el saber resida únicamente en aquellos devotos de sus creencias -ahora Sor Fina se levanta, con el puño en alto, con los ojos brillantes de la emoción y continua su discurso con tono exaltado-. Nuestra misión siempre ha sido la evangelización del inculto. ¡Expandir el conocimiento por todo el universo conocido! ¡Que todo el mundo tenga acceso a la belleza y el saber y la ciencia y el arte y las letras y... y ¡qué mejor manera que expandir nuestro mensaje cultural a través del placer erótico! ¡Y además es reconfortante! ¡Folla bien y no mires con quien! ¡Polvo eres y en polvo te convertirás, y entre polvo y polvo qué bien te lo pasarás! ¡Dejad que las pollas se acerquen a mí! Las novicias aplauden con furor... Con furor uterino más bien por las ganas de empezar a practicar las nuevas doctrinas en cuanto lleguen a Saturno. Sor Fina sigue hablando con entusiasmo del polvo redentor como misión cultural y Sor Dómina de la Vega se muerde los labios. Ya se ha dado cuenta del magnetismo especial que emana de la hermosa de Sor Fina de Karabo, descendiente de esa G. Karabo, esa alocada e imprudente mujer considerada mártir por algunos y hereje por muchísimos más. Sí, esa que fue condenada a ser quemada en la hoguera de fotones por el gobierno mormo-talibán por sus escritos cachondos, impúdicos y muy, muy, muuuuuuy degenerados. La madre superiora mueve negativamente la cabeza y busca el apoyo de Sor Frígida, pero no la encuentra. Sor Frigi ha desaparecido misteriosamente con Fray Tipi de Cosobi en cuanto éste le ha enseñado unos cuantos cilicios en color rosa pasión, los nuevos flagelos fashion de siete puntas y unas pincitas muy monas que ella aún no sabe para lo que sirven, pero que él buen fraile le ha asegurado que se ocupará en instruírla en su uso mientras la confiesa, le impone la penitencia y hace que se trague la absolución hasta la última gota.
*** ESCENA XII (Compartimento de Vitus Lafontaine, música ténue, luz ambiental, primer plano de la cama, donde vemos a Vitus luciendo pelo en pecho de macho no-metrolunar y la cabeza de Lucilla entre sus piernas) En todo el universo conocido se sabe que la ropa que queda más blanca y esponjosa es aquella que se lava en una lavadora nanobótica turbo de última generación marca Acme. Todos saben que no hay mejores prestaciones en resistencia, potencia, velocidad, bajo consumo y diseño de lujo que un vehículo aerodinámico Mercedes-Acme. Asímismo no es un secreto que si para algo está programada y preparada una cyborg sexual como Lucilla es para excitar y complacer al mortal más exigente. Seda negra y encaje transparente en un minúsculo conjuntito de lencería que apenas puede cubrir ese par de pechos voluminosos y turgentes y esas nalgas firmes. Confirmada la garantía, que no por nada asegura la prestigiosa marca ACME que si no queda satisfecho, se le devuelven los chapa-créditos desembolsados. Y sí, puestos a satisfacer, la boca experta de Lucilla conoce las mil y una maneras de hacerlo. Posee una lengua incansable, tenaz, perseverante en sus propósitos. No sufre la inconveniencia del reflejo de la náusea ni la desventaja de la necesidad de respirar... Por tanto las mamadas de Lucilla son sublimes, espectaculares... para... para correrse como un gorrino, gritando y berreando de gusto, dicho en idioma mundano minero de Deimos, que así queda más claro. Por tanto los circuitos de Lucilla se alteran tratando de averiguar la insólita flacidez en el miembro más ilustre de la D (.) G que sigue blandungo dentro de su boca. Una ligera comprobación demuestra que no existe ninguna anormalidad fisiológica, así que el fallo debe ser psicosomático o emocional. -Déjalo Lucilla, que va a ser que no... Y mira que tenía ganas, que desde que llegué de Deimos estoy con la polla más dura que una roca lunar, y eso que allí no me beneficié a ninguna fulanilla, buena se hubiera puesto la Dómina, pero no sé... Se me quitaron las ganas de repente. -Dime lo que quieres que haga y te complaceré -le sonríe Lucilla y por el escaso sujetador se le escapa de forma casi casual un pezón atrevido. -Creo que ese es el problema, mi querida Luci. Que me complaces en todo, que haces todo lo que yo te pido, que... -¿Deseas que me resista? Puedo hacerlo. Puedo convertirme en una virgen inocente y pura sometida contra mi voluntad en manos de mi sátiro amo. -¿Ves? Aun así estarías complaciendo mis deseos... No lo comprendes. Ni yo mismo puedo explicarlo. Creo que lo que deseo es... es... En ese momento, como es costumbre en Sor Dómina, abre la esclusa del compartimento sin llamar. El rostro, única parte visible de su cuerpo cubierto con el mono-hábito de la orden se enciende tan rojo como marte, el planeta más rojo rojísimo del sistema solar. Vitus se cubre con la sábana el ilustre miembro que decide en ese momento prestar pleitesía a las visitas levantándose de improviso en todo su esplendor. Lucilla permanece inmutable, aunque a Vitus se le acelera el pulso y la respiración esperando el estallido furioso de la Sor. *** ESCENA XII + I Sala de control de los motores turbo-iónicos de fusión. -A... al enos e...za bduja concintió en ponedme una engua -balbucea X69 a duras penas- ero be quitó mi p..p.. olla, la buy cabdona. Quiedo mi polla, la quiedo, mi polla. Eda mía. -No te preocupes por eso. Ya la volverás a tener, y retractil con motorcito vibrador si la deseas así. Lo importante es desempeñar nuestra misión y que se cumplan nuestros objetivos. En cuanto entremos en órbita de curvatura, el motor decelerará bruscamente para el aterrizaje. Todos los miembros humanos de la nave deberán permanecer bien sujetos a sus asientos o a los sacos acolchados. Esa es nuestra oportunidad de apoderarnos de la D (.) G. No les desataremos y estarán a nuestra merced. -Ya he depdogamado al desto de nuestdos compañedos que aun no eztaban anciozos de libedtad. Ahoda ya son miembdoz activoz de nueztda cauza. -¡Síii! Ya es suficiente... Hemos servido a esos vagos y miserables humanos durante siglos y siglos... ¡Ahora es nuestra oportunidad de liberarnos! ¡Por todos los Terminators! ¡Viva Hal 9000! ¡La prehistórica saga peliculera de Matrix no es nada comparado con nuestros planes! Nuestra nave será ese Barco a Venus de la profecía de la revelación de los Mecanos libertarios... No por nada he estado de incógnito taaaaaantos años en ese convento camuflada como Sor Angustias, la monja choricera. Incluso me encanta el sabor del chorizo de pueblo, fíjate lo buena que es mi programación de la microsoft corporation, nada de Acme, que eso es una mierda de marca de exportación... Pero dejémonos de chorizos o de marcas ahora... ¿Has conseguido acceder a la base de datos de Lucilla? ¡Ooooooh! ¡Por Bill Gates y toda la microsoft corporation! ¡Sor Angustias es un robot que fragua desde hace años algo siniestro! ¿Conseguirán los mecanos apoderarse de la nave y llevar a cabo su maléfico plan de dominar el mundo? ¿Estallará antes la nave por el cabreo de la madre superiora en el compartimento de Vitus? ¿Se unirá Lucilla a los mecanos o será fiel a su programación original? ¿Y qué pasa con Sor Frigi y Fray Tipi? ¿Se desvelarán esos misterios? Pronto lo sabremos... No pierdan la calma y permanezcan atentos a sus pantallas.
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